La fiebre de inversores extranjeros por hacerse con la propiedad de los clubs ingleses de la Premier League no ha sido un fenómeno nada casual. En la búsqueda de activos y destinos con gran revalorización potencial, atrae la liga inglesa por su repercusión mundial y por la capacidad de crecimiento que tienen sus clubs gracias al dinero que les llega de los derechos de televisión y la excelente comercialización de su imagen. Es una tendencia constante que clubs de la llamada ‘middle class’, con buena gestión de los recursos y acierto en los fichajes, puedan dar un salto cualitativo y acceder a los puestos europeos, antes vetados solo para el llamado y selecto ‘Big Six’. Hoy clubs como el Nottingham Forest o el Bournemouth encarnan, por su sorprendente rendimiento de esta temporada, el llamado ‘ascensor’ que ofrece la Premier.
Ya en las dos últimas temporadas se ha visto como Newcastle United y Aston Villa han sabido aprovechar la fuerza e impulso de una poderosa inversión económica para triplicar su valor, gracias a su clasificación en los puestos de Champions League. Son dos de los casos potentes de subversión del orden establecido en el fútbol inglés, donde tradicionalmente los títulos y éxitos estaban reservados para los seis clubs más poderosos: Manchester City, Liverpool, Arsenal, Manchester United, Chelsea y Tottenham Hotspur. Al Fondo de Inversión Pública Saudí la inversión en el Newcastle le costó 300 millones de libras en el 2021, y en tres años ha ido revalorizándose de forma exponencial: el 57% de su facturación anual de 371 millones de euros procede de ingresos por retransmisiones de sus partidos, tras regresar a la Champions League.
También los ‘villans’ de Birmingham ofrecen un claro paradigma a los inversores potenciales de lo que se puede conseguir con capacidad de gestión y acertada estructura en la captación de talentos. Sólo hace seis años, el Aston Villa era un club de la EFL Championship, la segunda división inglesa, pese a contar con el añorado esplendor de aquél lejano título de Copa de Europa de 1982. En poco tiempo, gracias a la llegada del multimillonario estadounidense Wes Edens y el egipcio Nassef Sawiris, el club de Birmingham se ha transformado, clasificándose el año pasado para la Champions. Por primera vez desde 2010 ha vuelto a figurar entre el top-20 entre los clubs con más ingresos, tras alcanzar los 310 millones de euros. Y esa cifra volverá a crecer sustancialmente cuando en marzo el Villa dispute los octavos de final del máximo torneo continental. Los beneficios de jugar en Europa llevan a la par nuevos patrocinios y mayores ingresos comerciales.
Una 'middle class' aspirante
El año pasado, la liga inglesa, como una de las grandes ligas con el reparto más equitativo, distribuyó 2.848 millones de libras (3.421 millones de euros) entre sus clubs, dinero procedente de los derechos audiovisuales y comercialización. De esa cantidad, el 47% provino de sus socios audiovisuales internacionales. El último clasificado, el Sheffield United, recibió 109,7 millones de libras (131,8 millones). Eso explica que los clubs más modestos también tengan recursos para atreverse a contratar mejores jugadores y a intentar en el siguiente año un salto en su nivel de rendimiento. En esta temporada lo están logrando Nottingham Forest, Bournemouth o Fulham. Ahora dirimen también la lucha por los puestos europeos y representan las muchas posibilidades que ofrece la llamada ‘pirámide’ de la Premier League, si se sabe optimizar los recursos y se planifica con rigor.
El impulso ganado por esos clubs que forman la ‘middle class aspirante’ está siendo la tónica en todas las competiciones, como está ocurriendo en la FA Cup. Por primera vez desde 1984, Liverpool, Arsenal, Chelsea y Tottenham han sido eliminados antes de la quinta ronda, mientras esos clubs emergentes, Aston Villa, Newcastle, Bournemouth, Brighton, Fulham y Nottingham Forest siguen adelante, percibiendo su gran oportunidad de ganar un título. Y es justo esa mayor competitividad lo que ha hecho de la Premier League una de las exportaciones más exitosas de la economía británica.
Audiencia global
La liga inglesa se transmite a 189 países, con una audiencia potencial de 1.870 millones de personas que la siguen en todo el mundo. No es de extrañar, por tanto, que los inversores norteamericanos se hayan aficionado a un producto que atrae 450 millones de dólares (355 millones de libras) por temporada solo por los derechos de transmisión en Estados Unidos de la NBC. Hoy la mitad de los 20 equipos de la máxima categoría inglesa son propiedad mayoritaria de inversores estadounidenses: Manchester United, Arsenal, Aston Villa, Liverpool, Chelsea, Fulham, Bournemouth, Crystal Palace, Ipswich Town y Everton.
Por el lado oscuro está la tarea de cómo frenar la desconexión de los inversores con la fidelidad de las aficiones. El aumento de los costes de las plantillas y una expansiva comercialización de las entradas para extranjeros, por el interés creciente de ver partidos de la Premier League en todo el mundo, ha llevado a la mayoría de dirigentes y propietarios a una espiral de aumento en el precio de las entradas, lo que está causando una general indignación, con la campaña ‘Stop Exploiting Loyalty’ (Dejen de explotar la lealtad), impulsada por la Football Supporters Association (FSA) del fútbol inglés.
Según la Premier, el precio medio de las localidades debería ser de 39 libras esterlinas, y la regla de las entradas de visitante de 30 libras. Sin embargo, no es así. Con el aumento de los abonos de temporada, clubs como el Manchester United han fijado el precio casi en el doble. Ese es el gran contrapeso de la liga de fútbol con más interés y seguimiento, máquina de generar ingresos. Su desafío es que, al final, los clubs puedan disfrutar de ese éxito, pero garantizando que el fútbol siga siendo asequible para todos.




