Casa Pedro acoge la presentación de la segunda edición de Foodie Culture Madrid
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La familia Guiñales fue la anfitriona del evento, que tuvo lugar este martes 24 en el restaurante ubicado en Fuencarral


- Andrea Gisbert Suñé
Periodista - Madrid
El restaurante Casa Pedro, con más de 300 años de historia, fue el escenario elegido para la presentación del segundo número de la revista Foodie Culture Madrid, celebrada este martes 24 de febrero. La elección no fue casual: Irene Guiñales, protagonista de la portada, ejerció de anfitriona junto a su padre Pedro y su hijo Gonzalo, en una velada que reunió a destacados invitados del sector gastronómico.
El evento empezó con una charla entre la familia Guiñales conducida por Rogelio Enríquez, presidente de la Academia Madrileña de Gastronomía. El periodista abrió el encuentro recordando la dimensión histórica del lugar. Fundado en 1703 como parada de postas, Casa Pedro ha atravesado invasiones, guerras y distintos regímenes políticos sin perder su esencia ni su carácter familiar. "Lo más extraordinario es que sigue en manos de la misma familia", subrayó antes de dirigirse a Pedro Guiñales.

Cuando Pedro tomó la palabra, el discurso dejó de ser histórico para volverse íntimo. Nacido en el propio edificio en 1948, habló con la naturalidad de quien no concibe su biografía fuera de esas paredes. "Yo soy Casa Pedro y Casa Pedro está dentro de mí", aseguró. El relevo generacional es, según confesó, su mayor satisfacción. Primero su hija Irene y ahora su nieto Gonzalo encarnan la continuidad de un proyecto tricentenario que sigue latiendo en cada servicio. "Cuando vienen los fines de semana los otros nietos y los más jóvenes, yo disfruto muchísimo", añadió.
Por su lado, Irene, portada del segundo número de la revista, explicó que, cuando se incorporó, "prácticamente el 99% del público era masculino" y que sintió la necesidad de transformar algo sin romper nada. "Pensé que tenía que hacer algo para que hubiera más mujeres, para no sentirme sola en Casa Pedro", explicó. Intentó introducir "algún plato un poco más femenino" y reconoció que le ha "costado", pero "que algo hemos conseguido".

Sin embargo, dejó claro dónde están los límites: "Lo que no podemos cambiar son los platos históricos". Insistió en que "nuestra obligación es mantener las recetas que hacían mis antepasados" y reivindicó una tradición que siempre trabajó con producto de proximidad, aunque entonces no se llamara así.
También hubo espacio para la vulnerabilidad. Al recordar la pandemia, no dudó: "Lo pasamos fatal. Fue un momento horrible". Cuando surgió la posibilidad de vender el restaurante, la reacción de su padre marcó el camino. "Hubo un momento en que nos ofrecieron comprar el restaurante y la frase de mi padre fue: 'Me matáis'". "Evidentemente no lo íbamos a vender. Fue su pasión lo que nos sostuvo", detalló.

En un plano más personal, reflexionó sobre lo que ha supuesto ser mujer al frente de una saga de patriarcas. "Creo que, como muchas mujeres de mi generación, hubo momentos muy difíciles", confesó. "Siempre intentamos demostrar que podíamos con todo: ser madres y ser trabajadoras". Madre de tres hijos, explicó: "Yo he tenido tres hijos y nunca cogí la baja por maternidad. No quería decepcionar a mi padre".
Con la vista en el futuro del restaurante, Gonzalo explicó su deseo: "Quiero mantener la tradición, que es la esencia de Casa Pedro. Los platos deben mantenerse. Y también ese ambiente familiar y acogedor". Porque, como resumió al final, "esa sensación de familia es la insignia de Casa Pedro".
