El drama silencioso de los atletas de élite: cómo afrontar el vacío emocional después de un logro histórico

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Una vez terminada una cita marcada en el calendario, las grandes estrellas del deporte tienen que volver a la normalidad superando la "depresión posolímpica" o post-Olympic blues

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'From hero to zero', la situación que viven muchos atletas tras un gran evento deportivoPexels
  • Alex Molina

    Redacción

Con el final de los Juegos Olímpicos (o cualquier otra gran prueba deportiva) no solo finaliza un gran evento, se produce el inicio de una etapa que los deportistas tienen que a menudo vivir en completa soledad. El “bajón” después de llegar a la cima que viven los atletas se trata de una reacción biológica, un fenómeno conocido como post-Olympic blues que tiene una explicación científica. 

Durante meses, incluso años, el cerebro (y más el de los atletas de élite) funciona bajo niveles elevados de dopamina, el neurotransmisor asociado al placer, la motivación y la recompensa. La preparación, la expectativa y la competición generan un estado de activación constante. 

¿Pero que pasa una vez alcanzado (o perdido) el objetivo? Pues que esa motivación, ese estímulo, desaparece... y con él la dopamina , que desciende abruptamente. Lo que antes era excitación se vuelve quietud y el atleta tiene que lidiar con una calma y tranquilidad que son totalmente nuevas para él o ella. 

Aunque el término se asocie a los Juegos Olímpicos, la experiencia no distingue niveles. Le ocurre al atleta profesional y también al corredor aficionado que cruza la meta de su primera maratón tras meses de disciplina. Cuando el gran día -sea cuál sea- pasa, esa estructura desaparece, por lo que conseguir lo que se anhelaba puede generar, inesperadamente, desorientación.

Muchos deportistas amateurs describen tristeza o irritabilidad en los días posteriores a una competición o prueba importante. No porque el resultado haya sido malo, sino porque el eje de su rutina se ha movido.

Ante esa sensación incómoda, la reacción automática suele ser buscar un nuevo desafío cuanto antes. Inscribirse en otra carrera, planificar un reto más exigente, volver a entrenar con intensidad. Sin embargo, los especialistas advierten que esta estrategia puede ser contraproducente: forzar una nueva meta sin haber procesado la anterior aumenta el riesgo de sobreentrenamiento físico y agotamiento mental. El cuerpo necesita recuperación muscular, pero la mente también requiere descanso.

Es por estos motivos que aceptar la sensación de vacío forma parte del proceso. No se trata de una depresión clínica en la mayoría de los casos, sino de un período de ajuste que cada atleta tendrá que superar a su forma y a su tiempo. 

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