La falsa emoción del cierre del mercado

El viernes noche las plataformas ofrecían ‘Límite 24 horas’, programa especial para retransmitir en directo el cierre del mercado de fichajes. Lo presentaban Isabel Forner y Rubén Martín junto a Sandra Díaz, que conectaba en directo desde las oficinas de LaLiga. En plató, un buen elenco: Danae Boronat, Áxel Torres, Alberto Edjogo, Andrea Orlandi, Héctor Fernández, Gaizka Mendieta y Fernando Morientes. Demasiados tertulianos para un realizador que iba un tanto rezagado a la hora de seguir sus intervenciones. El timbre que anunciaba los fichajes parecía una antigua alarma nuclear y se olvidaron de poner la cuenta atrás en pantalla. Sólo disponían del cronómetro de plató que no siempre estaba en imagen y se perdía la referencia temporal. En la mesa, el discurso se estancó en batallitas de los viejos tiempos más que en un seguimiento emocionante del cierre de mercado.

La actualidad futbolística tampoco ayudó a un final trepidante. Faltaron gráficos por clubs y por jugadores. Y faltó estructura de guion. Repasar equipo por equipo, mantener en pantalla listas de los jugadores que estaban a la espera. En la 7ª planta del edificio de La Liga Sandra Díaz vendía unas oficinas en ebullición. Pero la escena de fondo no transmitía ni modernidad ni frenesí. Díaz intentaba fingirlo y desde plató sus compañeros la ayudaban. A falta de 23’ advertían: “¡Están pasando muchas cosas!”, “¡Qué nervios!”, pero no parecía que pasara nada. Danae anunció antes la cesión de Eric García al Girona porque lo vio en Twitter y no por el comunicado de La Liga. Insistían que estaban enseñando unas imágenes históricas que nunca antes se habían visto. Pero las conexiones eran intermitentes, con pausas de publicidad, e irrelevantes. Se fueron a los anuncios a menos de 11’ para el cierre y volvieron cuando quedaban 5’. 

En el supuesto momento del cierre final no hubo clímax ni reacción. Crearon expectativas sobre un presunto bombazo que no se produjo. Hasta los periodistas preguntaron por él. Isabel Forner se justificó: “Hemos creado un ‘hype’, que es distinto”. Con anglicismos igual suena distinto pero la sensación final de mucho ruido y pocas nueces fue absoluta.

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