El calendario es agobiante, pero los parones en el principio de la temporada (septiembre, octubre y noviembre) para abandonar la Liga y acoger las competiciones de las selecciones resultan angustiosos. De cara a la próxima temporada, además, se unirán dos ventanas con lo que estarán más de 20 días desconectados. No tiene ningún sentido ni para los clubs, ni para los aficionados y si reflexionan un poco tampoco para las selecciones. Todo es un proceso en el que lo único que se visualiza son múltiples lesiones y malos rollos entre entrenadores e instituciones. ¿Es posible arreglarlo? Todo es posible.
No es nuevo, pero hay una buena fórmula: agrupar todos los encuentros de selecciones en junio, antes del mes de vacaciones de los jugadores y al finalizar la temporada. Si no hay tantos parones, la Liga podría acabar antes, sobre la primera semana de mayo, con lo que prácticamente habría un mes y medio para concentrar los partidos. Mediáticamente sería más ordenado y para todos, también. El foco estaría siempre en un sitio u otro y los jugadores no irían cambiando de planteamientos tácticos o esfuerzos físicos diferentes (en función de cada técnico) varios meses durante la temporada. Sería como en los años que hay Eurocopa o Mundial y permitiría que la Liga tuviera su mejor expresión y el enfrentamiento entre selecciones, también. Cuando realmente hubiera competición internacional potente habría que reformularlo y tal vez hacerlo al revés. Todas las selecciones en agosto y principios de setiembre, luego la Liga y al final el Mundial, la Eurocopa o la Nations (¿es necesario seguir con esta competición?).
El calendario actual es asfixiante y lo sabe todo el mundo, lo acepta todo el mundo y se queja todo el mundo. No es posible que exista voluntad de mejorarlo y no se pueda hacer. Es evidente que los intereses económicos priman y que todo el espectáculo necesita dosis impresionantes de negocio. Nadie es ingenuo, pero hay fórmulas que se pueden aplicar si realmente se quiere mejorar. Lo que resulta inadmisible es seguir como se está: con todo el mundo enojado sin hacer nada.