El cielo no puede esperar

CONTRACRÓNICA

Irene Paredes alzó los brazos para dedicar a su padre el gol de la remontada en un equipo que nunca se rinde porque solo tiene en mente conquistar el oro olímpico

Irene Paredes alza los brazos tras marcar su gol en memoria de su padre

Irene Paredes alza los brazos tras marcar su gol en memoria de su padre

AP

Irene Paredes alzó los dos brazos y señaló al cielo. Su expresión mostraba una emoción a flor de piel. Acababa de marcar el gol en el tiempo de descuento que sellaba el empate de España, allanaba el camino hacia la prórroga y permitía mantener vivo el sueño olímpico. Ese remate de cabeza en el 98', que posiblemente recordará como uno de los goles más importantes de su vida, se lo tenía que dedicar a su padre, que falleció de forma repentina justo antes de la concentración para el Mundial de Australia y Nueva Zelanda y que la acompaña siempre allá donde va con la selección.

Aitana Bonmatí, la Balón de Oro que sin duda estará en la terna de máximas favoritas a repetir el galardón, la abrazó con todo su cuerpo y gritó de rabia, de alivio. 

Se estaba sufriendo más de lo previsto, el partido se había encallado y parecía imposible que se obrara el milagro. Parecía que se habían agotado los recursos para seguir creyendo, pero la épica está hecha para los grandes equipos y esta selección lo es. Esta selección ha venido a París para colgarse el oro y nadie aspira a menos. El cielo no puede esperar.

El estadio de Lyon, habituado a las grandes gestas con los partidos de su todopoderoso Olympique, uno de los gigantes del fútbol femenino, vibró de lo lindo con un partido que tuvo de todo y con suspense hasta el pitio final. Hubo más de 14 mil personas en las gradas. Allí podían ver en directo a Alexia y Aitana, las mejores del mundo, pero también a Mayra Ramírez, el fichaje estrella del Chelsea que se convirtió durante unas semanas en el traspaso más caro de la historia, y a Linda Caicedo, la perla del Real Madrid que no deja de deslumbrar pese a sus 19 años.

Cata Coll llegaba tocada y con una aparatosa máscara tras recibir un rodillazo en la cara por parte de Lauren en el partido ante Brasil. "Sólo tengo la Torre de Pisa en la nariz”, publicaba en sus redes sociales con ironía. No pierde nunca la sonrisa la guardameta. Ni los nervios. Es un portento bajo los palos, por eso  no le tiembla el pulso ni en la tanda de penaltis y habrá que sumar esta victoria a las muchas que le debe esta selección.

Para Salma estos Juegos son algo más que un torneo. Son el máximo sueño al que aspiraba desde niña, cuando con apenas cinco años se plantaba frente al televisor para ver cómo Usain Bolt ganaba la medalla de oro en los 100m de Pekín 2008 y ansiaba después con ser como Allyson Felix, la siete veces campeona olímpica, en su etapa como atleta. En París, busca hacerse un selfie con Sydney McLaughlin, la doble campeona olímpica en Tokyo. Dejó el tartán y sus récords de precocidad por el fútbol a los 16 años y los Juegos Olímpicos tienen una deuda con ella.

La hinchada española no dejó de animar y alentó hacia la remontada. No faltó la ministra de Educación, Formación Profesional y Deportes, Pilar Alegría, que por la mañana había seguido el triunfo de Carolina Marín y le trajo suerte a las de Tomé.

Las jugadoras recibieron un toque de atención ante la rocosa y agresiva Colombia, pero demostraron también que no se rinden nunca, que saben sufrir, que tiran de épica cuando todo parece perdido. Es una generación que quiere seguir sumando hitos y haciendo historia. El oro olímpico está un poco más cerca.

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