Bam Adebayo, 83 puntos desde el campo y la pobreza: “Tenía que averigurar cómo comer”

REPORTAJE MD

Adebayo se crió en la pobreza, creciendo en medio de la nada en el campo en una caravana y con la dificultad añadida de tener una madre soltera

La hazaña de la estrella de los Heat es el resultado de la educación de su madre, Marylin Mount, con la que se fundió en un emotivo abrazo tras desbancar a Kobe Bryant

“Yo tenía que ir a comprar hasta que mi madre llegara a casa de trabajar, iba botando el balón por la calle y lo dejaba en el rincón de los carritos”

Bam Adebayo se fundió en un emotvo abrazo con su madre
Bam Adebayo se fundió en un emotvo abrazo con su madreGetty Images
Bam Adebayo, 83 puntos desde el campo y la pobreza: “Tenía que averigurar cómo comer”

Bam Adebayo luce imponente y se siente poderoso, marcada su atlética y esculpida figura por el sudor y luego el agua que le embadurna después de un prodigioso esfuerzo de 83 puntos, aclamado por el mundo y agasajan por unos compañeros que le empapan a pie de pista con fuegos artificiales de agua. Le gritan que ha superado al mismísimo Kobe Bryant y sus 81 tantos, que sólo quedan por encima los intocables 100 puntos de Wilt Chamberlain.

Pero Adebayo se viene abajo poco después, desembocando su sudor en un valle de lágrimas a pie de pista al fundirse con su madre en un sentido abrazo a llanto vivo. El hercúleo héroe se rompió para dejar de alguna manera al descubierto el Bam niño del que tan bien cuidó su madre.

Para heroicidad lo que hizo ella.

“No sabía que éramos pobres hasta los 16 años. Mi mamá hizo un gran trabajo haciéndome sentir que tenía suficiente”, dijo una vez el hombre de los 83 puntos, ascendido al Olimpo terrenal anotado de todos los tiempos desde la nada.

Criado en medio del campo en Carolina del Norte en una caravana, Marylin Mount -madre soltera-, bautizó a su hijo con el nombre Edrice Femi, pero le empezó a llamar “Bam” por el personaje ‘Bam-Bam Mármol’ de Los Picapiedra por su afición a los dibujos y ya el apodo eclipsó al nombre real.

El pequeño Bam creció siendo un picapedrero en esa tierra en medio de la nada, yendo caminando a todos sitios. Aunque él hablaba de su debilidad por Kobe Bryant tras su barbaridad, ese incesante caminar es el que le empezó a enseñar esa ética de trabajo que le ha llevado ascender de obrero a estrella.

“Mi madre me enseñó a ser disciplinado, a ser puntual, me enseñó a que prepararse bien evita rendir mal. Cuando camina al trabajo tienes que planear cuatro, cinco cosas con tiempo. Mi madre me enseñó ética de trabajo, a nunca dejar de esforzarme”, contaba Adebayo al podcast The OGs de Mike Miller y su ex compañero en los Heat Udonis Haslem.

Marylin Mount apenas ganaba 10.400 euros al año -866 euros al mes-, trabajando como cajera y le echaba tantas horas que el pequeño Bam tuvo que asumir pronto responsabilidades de adulto.

“Yo llegaba a casa del colegio a las 15:30 y ella no terminaba de trabajar hasta las 19:00, así que tenía que averiguar cómo comer, tenía que ir a comprar. Iba al supermercado botando el balón por la calle y lo dejaba en el rincón de los carritos”, contaba Adebayo, quien siguió haciéndose jugador NBA mientras su madre lo protegía de la pobreza con uñas y dientes.

Y tan feliz era que el salto a la ciudad le dio vértigo cuando en 2015 se comprometió con los Wildcats de Kentucky para ir a la NCAA.

“Pasé de estar en un pequeño pueblo a ir de ciudad en ciudad, no quería crecer. Estaba bien con los amigos que tenía hasta que me muriera”, decía Adebayo.

Bam Adebayo, junto a su madre
Bam Adebayo, junto a su madreGetty Images

Pero iba a ser precisamente en los focos del baloncesto universitario estadounidense donde Bam dio a conocer la encomiable cultura del esfuerzo que le había inculcado su madre a través de su manera de expresar y entender el baloncesto.

“Todo el mundo mira la última columna (de las estadísticas), la que dice cuántos puntos anotas en el partido y la gente olvida el otro lado de la cancha por el negocio del entretenimiento. Así que para mí es esa voluntad, esa pasión, esa mentalidad, es por lo que he pasado, era un nicho que sé que tengo”, explicaba el interior desnudando su esencia como jugador que también viene a ser la de su persona.

Y Bam Adebayo no pudo ir a parar a un mejor sitio que los Miami Heat, el lugar por excelencia de la cultura de la esfuerzo, el santuario del trabajo donde los no drafteados se convierten en estrellas. En el caso del pívot estadounidense de 2,06, Adebayo fue drafteado el 14 en 2017, aunque llegaba a la NBA más como un picapedrero con su alma de defensor que no el glamouroso anotador que es ahora.

“No quería que me vieran como un niño pobre. Pero, ahora que pienso, creo que de esa caravana es de donde saqué la ambición”, decía en otra ocasión el interior, quien compró una casa a su madre en 2020.

Las “incontables horas” de trabajo de las que hablaba su pareja y estrella de la WNBA A’ja Wilson acabaron sumando y sumando hasta dar un total de 83 puntos, un frenesí anotador con el que Adebayo vino a poner el grito al cielo de que se le deje de subestimar, algo a lo que los Heat están acostumbrados.

Pero, después de todo, -y aunque ahora pelea por volver a ser relevante-, Miami firmó dos Finales NBA y unas Finales de Conferencia entre 2020 y 2023. Después de todo, Bam Adebayo es el pívot estadounidense más completo y consistente que hay en tierras americanas a día de hoy a falta de que se acabe de desarrollar Chet Holmgren.

Bam lo hace todo en ambos lados de la pista y, fruto de su trabajo en la sombra, lo hace todo bien en ataque, un ‘5’ con todos los rangos de tiro, creador y buen manejador. Por algo estuvo en el Dream Team 3.0 de los Juegos Olímpicos de París 2024, superando el duro casting en esa restauración de honor del Team USA. 

Y por algo ha sido tres veces All Star y estuvo siempre en alguno de los mejores quintetos defensivos de la NBA entre 2020 y 2024, incluido en el primero en ese 2024. Promedia 20 puntos, 10 rebotes y 3 asistencias, quizá no tan anotador como otras estrellas pero, como bien dijo él, la columna de los puntos no lo es todo. 

Bam Adebayo era pobre y no lo sabía gracias a su madre, quien contempló orgullosa cómo la NBA por fin se enteró de lo muy bueno que era su hijo. Del campo al Olimpo.

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