“Le dije a Dani que no, que él no podía estar así, triste. Él vivió conmigo ese momento de sequía”, contaba Felipe Perrone hace más de dos años. España era subcampeona de Europa tras perder la final en Budapest contra Hungría en la tanda de penaltis. Por penaltis se había escapado también la final del Europeo de Barcelona 2018 contra Serbia. Por penaltis ha llegado, al fin, la gloria en el Mundial, de nuevo en Budapest.
Este lunes, Felipe era uno de los hombres más visibles en El Prat: era fácil distinguir a distancia su sonrisa de oreja a oreja. "Hay que agradecérselo a todos los que han formado parte de este equipo. En especial a Dani y Fran. Esta alma se la debemos a ellos", decía Perrone el domingo nada más acabar la final. Junto a él y al resto de la expedición española que llegaba procedente de Budapest bajaba del avión Fran Fernández, quien animó a sus compañeros en la final. Esperaba paciente en la terminal Dani López Pinedo, también felicitado. "Yo no he hecho nada", decía Dani, riendo.
Es el fiel reflejo de la palabra "familia". Porque el oro mundial del waterpolo español no es solamente el reconocimiento máximo a una generación brillante, sino el culmen de un trabajo de muchos años, de muchas alegrías, de muchas decepciones. De caer y de levantarse, de seguir peleando. Felipe lo ejemplifica como nadie ante la numerosa prensa que le busca nada más aterrizar. "Nos ha costado. Es un momento muy especial. A veces ganas por suerte, pero otras lo has construido. Nosotros lo hemos construido mucho", explica el jugador del Barceloneta.
"A veces que ganas por suerte, pero otras lo has construido. Nosotros lo hemos construido mucho"
Ese mucho es, a sus 36 años, el de una trayectoria inmensa, con dos décadas de carrera profesional. Perrone ya estaba en aquella selección española que se colgó un bronce en el Europeo de Belgrado de 2006, un bronce en el Mundial de Melbourne de 2007 y una plata en aquella final perdida en el Mundial de Roma 2009. Perrone también ha estado en esta selección española subcampeona de Europa en 2018 y en 2020 y subcampeona del mundo en 2019. Y su nombre también se encuentra entre los integrantes de la España campeona del mundo de 2022. "Vamos a decir que sí nos la debía el waterpolo", cuenta riendo.
El campeonato de su vida
La espina de Felipe se ha quitado a lo grande, con un título mundial acompañado del MVP de la final. El tercer cetro universal para el waterpolo español, más de dos décadas después del segundo, en el 2001 y que Perrone vivió en situ como aficionado. "Diez mundiales después. Mirando aquella imagen me acuerdo en los sueños de niño, de ver ganar a España un Mundial y querer que un día me tocara a mí. Veintiún años después ha tocado, así que es muy especial", explica.
Tocó tras una final para la historia. "Fue espectacular. Los italianos siempre tienen ese punto de que a veces juegan peor que tú y te ganan. Eso da siempre un punto agresivo a los partidos. Fue una guerra deportiva al límite del reglamento. Pero al final hemos salido campeones y toca disfrutar", celebra. Aunque durante muchos momentos le tocó sufrir. "Fue duro, no me esperaba que nos empataran. Teníamos el partido en la mano con el 9-6. La historia del penalti nos descolocó un poco. Pero luego, como dijo David, matamos dos pájaros a la vez, el de ganar una final y el de hacerlo por penaltis", cuenta.
[+] Así nos atendió Felipe en su llegada al aeropuerto de Barcelona:
-
Sonríe ante la prensa recordando la tanda decisiva, con una cara muy transformada con respecto a la tensión que emanaba de ella el día anterior. "Nos hemos quitado una mochila, el peso que teníamos de perder en los penaltis. Yo había perdido tres veces, otro Mundial en los penaltis", recuerda. Por galones, le tocó asumir protagonismo durante los lanzamientos. "En waterpolo es diferente porque chutas un penalti pero te puede volver a tocar, como me pasó. Entonces marcas, lo celebras, pero necesitas calma. Hasta que no paró Edu no pude celebrarlo al cien por cien", explica.
"Aunque no hubiéramos ganado, estoy seguro de que habríamos seguido trabajando y jugando como un equipo, viviendo el deporte de esta manera en la que lo vivimos"
La euforia se desató después. Tras ganar la final. Porque, desde la perspectiva que concede la experiencia, Perrone es capaz de analizar uno de los aspectos que mejor explican el éxito de la selección. "Antes, ganar las 'semis' ya era motivo de una celebración eufórica. Esta vez hemos ganado las 'semis' y sabíamos que lo que queríamos era el oro", cuenta.
Ya lo tiene, pero su motivación no cambia. "Cuando he perdido he dicho que seguía. Ahora que ganamos, también. Queremos más", avisa. "Es una manera de ver el deporte y de luchar. Ahora nos ha tocado ganar. Pero, aunque no lo hubiéramos hecho, estoy seguro de que habríamos seguido trabajando y jugando como un equipo, viviendo el deporte de esta manera en la que lo vivimos", reflexiona.
La manera en la que lo viven los chicos de la selección la refleja rápido Perrone. "Ahora nos faltan más oros", dice, riendo. Aunque reflexiona algo más. "Tengo ganas de jugar sin tener este peso de que no teníamos un oro. Es algo muy difícil de conseguir, pero nos hemos puesto un reto muy alto por haber estado en cuatro finales", detalla. "Ahora seguro que llegaremos a los campeonatos con una sensación distinta", añade.
Sensación, que no mentalidad. Porque si hay algo que ha hecho grande a esta selección es el no conformarse con llegar a la élite, el no conformarse con llegar a las medallas. El querer más. Una ambición que ha ejemplificado durante toda su carrera Felipe Perrone. Desde hace años, leyenda del waterpolo. Desde el domingo y para siempre, también, campeón del mundo.
