“No sé cómo puedo reaccionar”, confesó Rafa Nadal, quien también había asegurado que sólo jugaría si consideraba que ayudaba al equipo en la búsqueda de las semifinales de la Copa Davis. Con toda la honestidad del mundo, se consideró listo para volver a competir casi tres meses después de los Juegos Olímpicos, como el capitán también decidió a su favor, con Roberto Bautista descartado.
Sólo veintitrés partidos de Nadal en dos temporadas, un calvario desde que se operara la cadera derecha, el psoas ilíaco, en junio de 2023. Luchó por volver a ser tenista, pero las limitaciones físicas impidieron otro de sus milagros.
Una leyenda del deporte, a sus 38 años vivió uno de sus momentos más difíciles. No por su retirada en sí, que tenía asumida, sino porque no echó la mano que quería a la selección española. Perdió, quedando al borde del adiós, que se consumó porque no hubo remontada. Hizo un amago Carlos Alcaraz, pero su doble con Marcel Granollers no remató. Un doloroso 1-2 para Países Bajos. Demasiado pronto para todos menos los neerlandeses.
Nadal había ganado 29 individuales de corrido en la Copa Davis, no perdía desde febrero de 2004, en su debut. Resultó doloroso porque sentimentalmente merecía más. Pero la competición es cruel, no sabe de mitos. El balear, actualmente 154 del mundo, cedió ante Van de Zandschulp, 29 años y nº 80, por 6-4 y 6-4 en 1h.53’. Intentó defender el ataque de derecha del neerlandés, pero Rafa no superó la red. Quizás su último punto. “Si fuera capitán, yo no me pondría”. No tendrá más esa duda David Ferrer, para desgracia de todos los integrantes de la formación.
Ya cabía la posibilidad de que hubiera sido su último encuentro. Él mismo comprobó que su rendimiento había quedado lejos de lo que hubiera imaginado los días previos mientras lo preparaba.
La ovación a Rafa Nadal fue atronadora, al principio y a la conclusión. Cerca de 12.000 aficionados en el Martín Carpena de Málaga, conscientes del momento histórico. También el nutrido grupo ‘oranje’, con centenares de representantes uniformados y haciendo bloque detrás de su banquillo.
Rafa Nadal se emocionó de entrada. Bordeó las lágrimas en una ceremonia con el himno de España y un sentido minuto de silencio por Valencia. ‘Estamos con vosotros’ fue el lema que lució la selección local. Y crespón negro.
Luego puso manos a la obra. Siempre ha sido un maestro de gestionar recursos según las condiciones de cada día. Pero con el corazón, su sabiduría y compromiso no valieron esta vez. Hasta hizo un amago de reacción desde 1-4 en el segundo set, después de haber sufrido un parcial de 0-5 desde el 4-3 del primero al 4-6, 0-2. Dejó impronta de lo mucho que representa, aunque haya llegado el fin de una larga y exitosa carrera. Sudó la gota gorda, levantó el puño para hacer fuerza con la afición y no dejar de buscar una rendija por la que colarse. La cerró el oponente, que no se asustó.
Fue más directo en su juego, con más saque y red, tiró de estrategia buscando el revés del oponente. Lo intentó todo. La limitación en los desplazamientos (las piernas no son tan rápidas y hay una lesión final delicada) y la falta de ritmo de competición pasaron factura. Delante, un rival que en indoor y pista rápida supone peligro. Un pegador impertérrito. Amargó el último US Open a Carlos Alcaraz, truncó el sueño de Rafa Nadal.
Su legado permanece intacto con independencia de Málaga. Gracias, Rafa. Eternamente. “Rafa, Rafa”, coreó el pabellón consumada la retirada. Está muy por encima de un resultado. Deja 5 Copas Davis, 22 Grand Slams (14 Roland Garros) o 2 oros. Va más allá, deja un legado imborrable.


