El ruso Daniil Medvedev, flamante campeón del Masters 1.000 de Roma, su primer título en tierra batida, reconoció que se ha reconciliado con esta superficie que no ama todavía, pero con la que ahora tiene "una amistad".
"Siempre trato de dar lo mejor en los torneos y de creérmelo, pero al mismo tiempo en cada partido no sabía si podía ganarlo porque normalmente lo odio, no me siento cómodo y no juego bien aquí", dijo en la pista central del Foro Itálico en la que se proclamó campeón, nada más terminar el partido.
"Ya en Madrid y en Montecarlo no me sentí mal, pero cuando llegué aquí y me sentí perfecto en los entrenamientos, no sabía qué pasaba. Estoy muy feliz de probar a todos que soy capaz de ganar también aquí", añadió.
El ruso se impuso al danés Holger Rune en dos sets, por doble 7-5: "Ha sido un gran partido, ninguno estaba sabiendo dominar bien el encuentro y estoy contento de haberlo logrado antes que él al final".
"Ahora tengo una amistad con la tierra batida, no diría que la amo porque me encantan las pistas duras, pero ahora la arcilla me gusta mucho más", sentenció.
"Todavía no me lo creo, no que lo haya ganado, sino que haya jugado tan bien esta semana. No me lo creo", declaró en rueda de prensa tras el partido.
"Voy a ser honesto, cuando vi mi sorteo aquí, creo que estaba en el coche, me quedé como 'wow, tiene que ser el sorteo más difícil que he tenido'. Emil Ruusuvuori en primera ronda, Zapata Miralles, que juega bien en tierra batida, luego Zverev o Hurkacz. Y así sucesivamente. Y lo he conseguido", ponderó.
Además, quiso poner en alto valor un trofeo en una superficie que hasta ahora le había sido esquiva.
"En cierto modo lo coloco como el más importante de mi carrera número porque es el primero en tierra batida y es increíble. Nunca pensé que sería capaz de hacer esto", dijo.
Pero siendo honestos, un Grand Slam es siempre más grande. Así que el Abierto de Estados Unidos será siempre el número uno", puntualizó.


