Antiguamente, hace ya unos años atrás, el lactato se interpretaba cómo sido el culpable de la fatiga y el dolor muscular tras el ejercicio. Sin embargo, en la actualidad y gracias a la ciencia, se ha demostrado que no es un simple residuo de nuestro metabolismo, sino una fuente de energía clave y un regulador del rendimiento. Si nos centramos en el running, comprender su papel puede ayudarnos a entrenar mejor y optimizar nuestra recuperación.
Cuando realizamos una sesión de running, nuestros músculos necesitan energía para contraerse. Normalmente, el cuerpo obtiene esta energía predominantemente a través del oxígeno, pero, aunque es un proceso eficiente, debemos de tener en cuenta que tarda un poco en activarse por completo. En situaciones de alta intensidad, cuando la demanda de energía es muy alta y el oxígeno disponible no es suficiente, el cuerpo recurre a una vía más rápida: la glucólisis anaeróbica, que descompone la glucosa en moléculas más pequeñas para obtener energía inmediata.
Este proceso genera una sustancia llamada piruvato, que en condiciones normales entra en las mitocondrias para producir más energía. Pero cuando el ejercicio es intenso y la producción de piruvato es demasiado rápida, el cuerpo lo convierte en lactato para poder seguir generando energía sin depender del oxígeno.
Contrario a la creencia popular, el lactato no es el responsable directo de la fatiga ni del dolor muscular. De hecho, es un combustible alternativo que el cuerpo puede reutilizar para seguir funcionando a altos niveles de intensidad.
¿Cómo utilizo al correr el lactato?
El lactato no se acumula en los músculos de forma indefinida. Gracias a su solubilidad, se transporta por la sangre a diferentes partes del cuerpo para ser aprovechado de distintas maneras:
· Los propios músculos lo reutilizan: Algunas fibras musculares pueden transformar el lactato en energía dentro de sus mitocondrias.
· El corazón lo usa como combustible: El corazón es un órgano altamente eficiente en la utilización de lactato, convirtiéndolo rápidamente en energía.
· El hígado lo recicla en glucosa (Ciclo de Cori): Si el lactato en sangre es alto, el hígado lo convierte en glucosa para que los músculos la vuelvan a usar como fuente de energía.
· El cerebro lo aprovecha: En momentos de alta demanda energética, el cerebro puede usar lactato en lugar de glucosa para seguir funcionando a pleno rendimiento.
Este sistema de reciclaje demuestra que el lactato no es un desecho. Es un mecanismo eficiente para mantener el equilibrio energético durante el ejercicio.
El cuerpo tiene una capacidad máxima para procesar lactato sin que se acumule demasiado y afecte el rendimiento. Este punto se conoce como umbral de lactato: es la intensidad a la que la producción de lactato supera la velocidad a la que el cuerpo puede eliminarlo. Cuanto más alto sea este umbral, más tiempo podremos sostener esfuerzos intensos sin fatiga prematura.






