Entre las muchas razones por las que Kilian Jornet es conocido es por esos vídeos corriendo por sitios «demenciales», esas crestas que si te caes a la izquierdas caes en Guatemala y si caes por la derecha en Guatepeor. Sirva esa imagen como metáfora de lo que es el running en cuanto a lesiones y rendimiento: como correr por una cresta.
Elites y populares corriendo por crestas
Antes de una carrera o un campeonato importante, las noticias de atletas lesionados se suceden como si el mismo virus les hubiera atacado a todos inmisericordemente. El virus es el de las lesiones. Correr es duro, lesivo y dañino practicado a cierto nivel y cuando más se apura más crítico se convierte. Crítico en el sentido de blanco o negro; crítico como un cristal que puede estar en una pieza o en mil. Así es correr practicado hasta sus últimas consecuencias. Pero, desgraciadamente, también a nivel popular.
No se me ocurre otro deporte tan lesivo. Los hay duros, muy duros y extremadamente duros, dañinos para profesionales, agotadores, crueles, pero ninguno tan agresivo con el cuerpo. En cualquier entrenamiento aplicas unas fuerzas puntuales sobre el cuerpo que no dejarían de ser anecdóticas si no fueran aplicadas miles y miles de veces. En temporada alta de un buen corredor pueden ser cientos de miles de veces por semana. Y, proporcionalmente, para cuerpos menos preparados, son unas palizas enormes para pies, tendones, rodillas y espalda por las miles y miles de repeticiones.
El equilibrio de correr por una cresta
Correr es el difícil equilibrio entre estar sano y estar lesionado. Correr es transitar por una cresta en la que si te caes hacia un lado no estás explotando todo tu potencial y hacia el otro está la lesión. El resto de deportes de fondo se «resumen» en evitar el sobreentrenamiento, comer y dormir todo lo que puedas, masajes para rendir mejor, aguantar las palizas y mantener la cabeza en su sitio. Correr además es diferenciar el dolor de la molestia, el demasiado del suficiente. Correr es saber renunciar a tiempo, un arte que la inmensa mayoría no conocemos.
Porque correr por la cresta es sinónimo de caerte, muchas veces. De frustrarte, de desesperarte, de levantarte, de ver la luz al final del túnel. Muchas veces. Y no tiene que ser así si no nos jugamos tanto. La segunda forma de no correr por esa peligrosa cresta es ensancharla. La primera es no correr, claro. ¿Y cómo se ensancha la cresta para no arriesgar la «vida» a cada paso? Sabiendo renunciar.
Correr es el difícil equilibrio entre estar sano y estar lesionado.
Ensanchando la cresta
Renunciar es saber que si tienes dudas de hacer un entrenamiento o el otro es que debes descansar. Renunciar es pensar que estás fallando si continúas con esa molestia y aceptarlo como parte del proceso. Es irte a casa dudando de si debes aguantar esa molestia o si ese dolor ya no es digno de ser aguantado. Pero la línea es tan fina entre la ambición y la lesión como la de crestear con un precipicio a cada lado… si ambos fueran precipicios.
Porque ese es el autoengaño, el de creer que ambos lados hay precipicio. No estamos entrenando para clasificarnos para unos Juegos Olímpicos ni damos de comer a nuestros hijos con nuestros resultados. Entiendo y comparto la ambición de querer superarte, pero esa ambición, ese número en forma de marca o distancia, le añade pendiente al lado de la montaña que debería ser tu salvación. Porque el otro es el vertical, el de la lesión. Si te caes hacia el lado de la ambición, de la superación, de la marca personal depende de cuán pendiente sea para que tras dos volteretas pares o caigas montaña abajo sin poder frenar. Y, créeme, muy pocas veces merece la pena ir por pendientes tan pronunciadas por las que un tropezón te «mate».
Date margen escuchando tu cuerpo y planificando con antelación.
Como ese padre que deja a su hijo darse un golpe para que aprenda. No seré yo el que diga que no arriesgues an a sabiendas de más pronto que tarde vas a cometer errores. Pero una vez cometidos, ¿ha merecido la pena? No. Piensa en esos días parado, en las dudas, la mala leche, la apatía, el si volverás algún día. No lo merece. Ensancha el camino, suaviza la pendiente hacia la que te puedes caer, renuncia a una serie más, a una tirada larga o a ignorar una molestia. A veces la línea es tan fina como eso.
Ensancha el lado hacia el que caerte, dale una pendiente moderada que para que el revolcón no sea mortal. Date margen escuchando tu cuerpo, planificando con antelación, sin hacer grandes cambios en los entrenamientos, escuchando consejos, aceptando que el entrenamiento es una parte de la vida unida a muchas más. Ensancha la cresta y suaviza su pendiente dándote margen. Y nadie más que tú para conocerte, experimentar y errar, errar para aprender.

