La posibilidad de que el trail running se convierta en disciplina olímpica ha estado sobre la mesa durante años, pero los últimos movimientos por parte de World Athletics podrían acelerar un cambio que hasta ahora parecía lejano.
Todo parece indicar que el plan con el que trabaja el COI consistiría en fusionar el cross country con el trail running para crear una disciplina conjunta que estaría destinada a los Juegos Olímpicos de Invierno de 2030, previstos en los Alpes franceses.
Aunque existen algunas diferencias significativas entre ambas modalidades, son muchas las voces que aseguran que no son insalvables. Mientras que el cross country se disputa en espacios naturales pero con un circuito perfectamente diseñado, el trail running cuenta con recorridos que atraviesan montañas, bosques y senderos técnicos que pueden incluir raíces, rocas y fuertes pendientes.
Otras diferencias son la distancia, que oscilan entre los 4 y los 12 kilómetros en el cross country por las carreras de ultradistancia que puede llegar a haber en el trail running, o el equipamiento: las pruebas de cross country suelen requerir zapatillas ligeras, a veces con clavos para mejorar la tracción. mientras que el trail running exige un equipamiento más completo.
Llegados a este punto, parece que el principal obstáculo sería a nivel de reglas. La normativa de los Juegos de Invierno no contempla actualmente deportes que no se desarrollen sobre nieve o hielo, por lo que habría que cambiar los deportes permitidos. Además, las federaciones de deportes invernales podrían mostrarse reacias a abrir la puerta a nuevas disciplinas, ya que esto supondría repartir entre más actores los ingresos televisivos. Y no hay que olvidar que esta situación podría desencadenar una ola de solicitudes de otros deportes que también buscan mayor visibilidad a través de ser disciplina olímpica.
Otro punto que podría traer cola es cómo se bautizará la nueva disciplina. Fuentes cercanas a World Athletics señalan que su presidente, Sebastian Coe, preferiría mantener el nombre “cross country”. De confirmarse, el trail running quedaría en un segundo plano, sin un espacio en el mayor escaparate deportivo del planeta y sin posibilidades de una futura inclusión como modalidad independiente en 2032.
Más allá de los desafíos, existen razones de peso que podrían favorecer la inclusión del trail running ya en 2030. El calendario olímpico de verano se encuentra saturado, por lo que añadir un nuevo deporte en la edición invernal resulta más viable. Además, el trail running posee una enorme capacidad de implantación internacional: es mucho más replicable por todo el mundo que disciplinas clásicas de invierno como el esquí alpino o el hockey sobre hielo.
La presencia de atletas de todos los continentes abriría la puerta a que países sin tradición en deportes de invierno, como los de África, compitan por medallas olímpicas, algo muy a tener en cuenta considerando que la actual presidenta del COI, Kirsty Coventry, es oriunda de Zimbabue.
Y luego está el factor sede. Los Alpes franceses, sede prevista para los Juegos Olímpicos de Invierno 2030, son el lugar perfecto para organizar pruebas de alto nivel y para que Chamonix, la capital mundial del trail, se convierta también en el epicentro olímpico.






