El esfuerzo de salir correr nos enseña sobre la vida: este es el porqué

RUNNING

Correr produce felicidad y libera el estrés

Correr produce felicidad y libera el estrés, pero tener ganas de hacerlo, a veces, es un auténtico desafío

Nick Presniakov / HOKA

Correr enseña sobre la lucha de la vida. ¿Por qué? Porque, se corran los kilómetros que se corran, llega siempre un momento clave: la fatiga. Y es en ese momento en el que algo ocurre.

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Lejos de parar o abandonar al sentir cansancio o incomodidad, al correr con fatiga se activa un diálogo entre cuerpo y mente para intentar gestionarla. Un tira y afloja constante, donde empieza una oportunidad de superarse, ya sea resistiendo o dando un paso atrás para poder avanzar dos después.

Correr y fatiga: ayuda a gestionar las emociones

Correr coloca a sus practicantes entre dolor y duda y les obliga a dirigir la fatiga. Se trata de gestionarla. De aprender a vivir con ella, a negociar con ella, a comprender sus límites y su potencial. 

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Al correr, un runner comprende que la sensación de agotamiento no es el fin del mundo. Es una señal. Una advertencia. Y aprende a interpretarla. Cuando se entrenan las piernas, también se entrenan las emociones. Es una forma de disciplina invisible: la capacidad de permanecer, de escuchar, de reconocer cuándo se dejaría todo y, en cambio, se opta por quedarse. Cuando no apetece, pero se sale de todos modos.

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Son pequeños gestos, pero tienen un poderoso efecto secundario: acostumbrarse a la idea de que la fuerza de voluntad no siempre va de acuerdo con el estado de ánimo. Que se pueden hacer cosas aunque no tengas ganas. Y que esto hace ganar confianza en uno mismo.

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El corredor se da cuenta de que el cansancio, como el del camino, es solo una fase. Que puede esforzarte un poco más. Que puede encontrar una solución, una alternativa, una manera de aligerar la carga sin rendirse.

La perseverancia corriendo se puede aplicar a la vida real

Correr enseña perseverancia. La que se compone de pequeñas decisiones repetidas. Elegir salir incluso cuando llueve. Elegir correr ese último kilómetro cuando solo se quiere parar. Elegir mantener la respiración rítmica incluso cuando te falta el aire. Y estas decisiones aparentemente triviales se traducen en una especie de entrenamiento mental que te prepara para afrontar los pequeños y grandes desafíos de la vida.

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Al correr, se libera el estrés acumulado

La fatiga no se puede eliminar, se aprende a vivir con ella. No de golpe, sino paso a paso. Esto es increíblemente valioso, sobre todo en una época en la que se espera estar siempre bien, o se finge estarlo. Correr enseña que es normal no estar siempre bien. Que se puede vivir con la incomodidad sin dejar de avanzar.

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Correr no solo cambia el cuerpo. Cambia la forma de reaccionar ante las cosas: ante la frustración, ante lo inesperado, ante el fracaso. No hace a nadie invencible, pero entrena para resistir.

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