Escapada otoñal por la Vía de la Plata: calzadas romanas, leyendas y paisajes dorados
PLANES SEVILLA
La historia de El Garrobo está marcada por su papel como lugar de paso en la antigua calzada romana que conectaba Mérida con Astorga
Valencia esconde un tesoro: tiene a menos de una hora un pueblo que convirtió sus cuevas medievales en templos del vino

- Fátima Cruz
Redactor
Cuando el calor sevillano da paso a los tonos ocres del otoño, la Sierra Morena se convierte en un escenario perfecto para desconectar. En ese paisaje dorado, entre dehesas y ríos, se esconde El Garrobo, uno de los pueblos más pequeños de la provincia de Sevilla y una joya ideal para una escapada otoñal con historia, naturaleza y sabor. Situado la histórica Vía de la Plata, este rincón majestuoso ofrece al viajero una experiencia que une senderismo, gastronomía y leyendas que se remontan a tiempos visigodos.
La historia de El Garrobo está marcada por su papel como lugar de paso en la antigua calzada romana que conectaba Mérida con Astorga. Aunque los primeros vestigios humanos en la zona se remontan al periodo calcolítico, con enterramientos megalíticos como el Dolmen del Toril y el túmulo del cerro Cabeza del Moro, fue durante la época visigoda cuando comenzó a configurarse como núcleo poblacional. Más tarde, tras la dominación musulmana y la reconquista cristiana, el pueblo fue edificado en torno al año 1500 por privilegio del rey Fernando III.
El Garrobo también sufrió los estragos de la historia: en 1810 fue incendiado por las tropas francesas durante la Guerra de Independencia, y posteriormente reconstruido por sus habitantes. Hoy, la Iglesia Parroquial de la Concepción conserva en su fachada el recuerdo de aquella destrucción, y alberga a la Virgen de la Estrella, patrona del municipio.
El Garrobo: un enclave con alma histórica, naturaleza y buena gastronomía
Situado a tan solo 39 kilómetros de Sevilla capital, El Garrobo se encuentra en las estribaciones de Sierra Morena, rodeado por los ríos Guadiamar y Rivera de Huelva. Su entorno natural es uno de sus mayores atractivos, especialmente en otoño. Las rutas más populares incluyen el camino hacia las Pajanosas, el sendero de Guillena y la visita al manantial de Fuente Abades, en la finca La Garranchosa, donde se celebra la romería de la Virgen de la Estrella.
Los amantes del cicloturismo también encuentran aquí un paraíso: los caminos rurales permiten recorrer paisajes de dehesa, ganaderías de toros bravos y rincones donde el silencio es parte del encanto. La ruta cultural del Camino Benedictino y el Sendero de los Camellos son otras opciones para explorar la zona.
La cocina de El Garrobo es otro de sus grandes reclamos. Famoso por sus platos elaborados con carne de caza y cerdo ibérico, el pueblo ofrece especialidades como el pestorejo, el menudo y guisos tradicionales que se sirven en bares y casas rurales con sabor auténtico. Los embutidos y derivados del cerdo elaborados en la zona son un deleite para el paladar, y en otoño adquieren un protagonismo especial en las mesas locales.
Con apenas 800 habitantes, El Garrobo conserva la esencia de los pueblos blancos andaluces: casas encaladas, lavaderos antiguos, plazas tranquilas y una hospitalidad que invita a quedarse. La Plaza de la Constitución, donde se ubica el Ayuntamiento, es el corazón del pueblo y punto de encuentro de vecinos y visitantes.
El acceso desde Sevilla es sencillo: basta con tomar la autovía A-66, conocida como Ruta de la Plata, hasta la salida 782, y enlazar con la N-630 y la N-433. Aunque no cuenta con estación de tren, hay autobuses desde la Estación de Plaza de Armas. Una vez allí, lo mejor es recorrer el pueblo a pie o en bicicleta, disfrutando de cada detalle del entorno.
En otoño, cuando la luz se vuelve más suave y los paisajes se transforman, este pequeño pueblo sevillano se convierte en un refugio perfecto para quienes buscan desconectar, caminar entre historia y naturaleza y saborear la autenticidad de la Andalucía rural. Una escapada por la Vía de la Plata que deja huella.

