A veces los refranes esconden parte de la verdad. En la costa occidental de Cantabria se encuentra Santillana del Mar, conocida popularmente como “la villa de las tres mentiras”. Ni es santa, ni es llana, ni tiene mar, pero su encanto la convierte en uno de los destinos más visitados y admirados del norte de España. Este pequeño municipio, que forma parte de la red de Los Pueblos Más Bonitos de España desde 2013, enamora por su aire medieval, su ambiente sereno y su extraordinario patrimonio histórico.
El origen del nombre tiene mucho que ver con su historia. La primera “mentira” hace referencia a Santa Juliana, cuya colegiata guarda las reliquias de esta mártir cristiana y constituye el principal tesoro arquitectónico de la localidad. La segunda alusión, “ni es llana”, se desmiente fácilmente caminando por sus calles empedradas, que suben y bajan en un trazado irregular y lleno de encanto. Y la tercera, “del mar”, tiene explicación: aunque antaño hubo comercio pesquero, su costa más próxima se encuentra a varios kilómetros.
Historia viva entre piedras y colinas
Santillana del Mar
Parafraseando a Jean-Paul Sartre, “bienvenidos al más bello de los pueblos de España”, tal y como señala Los Pueblos Más Bonitos de España. Cobijada por colinas y a pocos metros del mar Cantábrico, Santillana del Mar ha sido refugio de poetas, filósofos y artistas a lo largo de los siglos. Recorrer sus calles, limitadas al tráfico y flanqueadas por casas blasonadas y palacetes de piedra de los siglos XIV al XVIII, es caminar entre siglos de historia viva.
El corazón de la villa es la Colegiata de Santa Juliana, un edificio románico erigido en el siglo XII sobre el antiguo monasterio fundado en el año 870. Según Los Pueblos Más Bonitos de España, se trata del “templo más amplio de la cornisa cantábrica” y sigue el modelo de la iglesia de Frómista, en Palencia. Su estructura de tres naves y tres ábsides, junto a los capiteles decorados con alegorías del Bien y el Mal, resumen la espiritualidad y la visión del mundo de la Edad Media.
La Capilla Sixtina de la Prehistoria
Santillana del Mar
Pero si algo ha hecho mundialmente famoso a este rincón de Cantabria es su pasado prehistórico. Muy cerca del centro del pueblo se encuentra la Cueva de Altamira, descubierta por Marcelino Sanz de Sautuola en 1879. El hallazgo generó polémica entre los arqueólogos de la época, que no creían que el hombre primitivo fuese capaz de crear obras tan perfectas.
El interior de la cueva, especialmente la sala de policromos, ha sido calificado como la “Capilla Sixtina del arte cuaternario”. En su techo se representan casi un centenar de animales y signos, entre ellos 21 bisontes, caballos, ciervos y figuras humanas realizadas con distintas técnicas. Según Los Pueblos Más Bonitos de España, su datación se remonta a hace unos 14.000 años. Desde 1985, Altamira forma parte del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO.
Entre calles empedradas y sabores del norte
El recorrido por Santillana del Mar es una experiencia para los sentidos. Sus calles empedradas, flanqueadas por talleres artesanos y casas solariegas, conservan el aire de un tiempo detenido. Entre sus joyas arquitectónicas también destacan las Torres de Merino y Don Borja, dos de los edificios civiles más antiguos del municipio, testigos de su pasado noble y próspero.
La villa no solo brilla por su historia y arquitectura, sino también por su gastronomía. Como destaca 'El Economista', platos tradicionales y dulces típicos como las quesadas, los sobaos pasiegos o los quesos locales son parte esencial de la experiencia. En verano, los mercados de artesanía y productos regionales llenan de vida las calles, convirtiendo cada visita en una celebración de la cultura cántabra.


