El valle donde se asienta San Millán de la Cogolla guarda un secreto que trasciende el vino. Aquí, entre montes y silencio, surgió una comunidad monástica en el siglo VI que acabaría siendo testigo del nacimiento de una lengua universal. Según la UNESCO, el emplazamiento fundado por San Millán “se convirtió con el tiempo en un lugar de peregrinación” y, en su honor, se levantó en Suso “una bella iglesia románica que se conserva aún”.
Este enclave, declarado Patrimonio de la Humanidad, fue la cuna del castellano. En sus muros se escribieron las célebres Glosas Emilianenses, las primeras palabras conocidas en lengua española y euskera. De aquellas notas marginales, copiadas con paciencia por monjes anónimos, brotó un idioma que hoy hablan más de 500 millones de personas.
Dos monasterios, dos mundos
Monasterio de Yuso
La historia de San Millán se divide en dos niveles: Suso, el “de arriba”, y Yuso, el “de abajo”. Como recuerda 'Guía Repsol', “hay que sacar las entradas en Yuso –de ursum, ‘bajo’ en latín– para subir a Suso –sursum–, el monasterio de arriba”. Una diferencia simbólica que ilustra el paso del tiempo y de la espiritualidad al esplendor monumental.
El monasterio de Suso, excavado parcialmente en la roca, conserva una mezcla de estilos visigodo, mozárabe y románico. La guía Beatriz, citada por 'Guía Repsol', recuerda que “la iglesia pegada a la roca es del siglo V y va incorporando elementos hasta el siglo XI”. Entre sus paredes se descubren sepulcros legendarios, como los de los Siete Infantes de Lara y las tres reinas de Navarra, Toda, Jimena y Elvira.
Donde nació la palabra escrita
Monasterio de Suso
Pero si algo convierte a Suso en un lugar único, es el silencio cargado de historia que se respira en su cueva principal. Allí vivió el eremita San Millán, quien murió con 101 años y cuya figura inspiró siglos después al poeta Gonzalo de Berceo, otro monje nacido cerca de aquí. Según 'Guía Repsol', este fue “uno de los monasterios más famosos de España” porque aquí “pasó a la historia universal gracias a las primeras palabras en español y euskera que otro monje tradujo del latín”.
Las paredes del templo guardan también grafitis centenarios, arcos mozárabes y un altar visigodo considerado “uno de los más antiguos de España”. Cada rincón parece narrar una página de la historia de la lengua y del arte hispano, entre el olor a piedra húmeda y la penumbra de los siglos.
De la cueva a la monumentalidad de Yuso
Monasterio de Yuso
Al descender hacia el valle, el camino conduce al majestuoso monasterio de Yuso, erigido entre los siglos XVI y XVIII sobre los restos del primitivo cenobio. La leyenda, según la Guía Repsol, cuenta que el rey García Sánchez III de Nájera quiso trasladar los restos de San Millán, pero “los bueyes que tiraban del carro se quedaron clavados al suelo”. El santo, al parecer, no quería abandonar su tierra, y así se levantó Yuso, el “monasterio de abajo”.
Hoy, Yuso deslumbra con su iglesia renacentista, sus dos claustros, una sacristía monumental y un museo donde se custodian copias de los códices medievales. En su biblioteca destaca el Códice Emilianense 60, una joya paleográfica que contiene las famosas Glosas. Aunque la versión original se conserva en la Real Academia de la Historia, el entorno que la vio nacer mantiene intacta su magia.
Alabastro, pergaminos y una arqueta de marfil
Y como broche final, brilla la arqueta de marfil de San Millán, “una verdadera obra maestra del arte del mueble”, según las guías oficiales. Chapada en oro, con piedras preciosas y 39 placas talladas, narra la vida y milagros del santo riojano.
Otro de los tesoros que deja sin aliento es la sala de los cantorales, donde se guardan enormes libros de pergamino de hasta 60 kilos. Cada volumen se mantiene en un armario ventilado y protegido por una curiosa “gatera” que permitía entrar a los gatos para cazar ratones y evitar daños en los manuscritos.


