Al sur de La Rioja y muy cerca de la provincia de Soria, Viniegra de Arriba se alza majestuosa en el corazón de la Sierra riojana, rozando el cielo con sus 1.182 metros de altitud. Forma parte del histórico conjunto de Las Siete Villas y se encuentra rodeada por cumbres que superan los 1.800 metros, como La Muela o Añiquete, hasta alcanzar el mítico pico Urbión, de 2.228 metros.
El pueblo está atravesado por los ríos Ormazal y Castejón, que riegan unos paisajes capaces de enamorar a cualquier amante de la naturaleza. Según se recoge en un texto histórico sobre la localidad, “cualquier urbanita puede quedarse horas y horas contemplando esta maravillosa naturaleza que poseemos”. No hace falta más que unas botas, un buen almuerzo y una bota de vino para perderse por sus sendas y sentir el verdadero pulso de la montaña.
La vida ganadera que resiste al paso del tiempo
Viniegra de Arriba
La ganadería sigue siendo el alma de este rincón serrano. Aunque la cabaña actual es menor que la de otras épocas, el ovino continúa predominando sobre el vacuno y el equino. La trashumancia marcó durante siglos el ritmo de vida de los viniegrenses, una tradición que aún se percibe en su entorno, entre prados y pastizales que dan testimonio de su pasado pastoril.
No es casual que Enrique II de Trastámara concediera en 1366 a Juan Ramírez de Arellano el señorío de Cameros “por su ayuda en la lucha contra Pedro I el Cruel”, un gesto que consolidó la importancia estratégica de esta comarca en la historia de Castilla y León. Viniegra de Arriba, escondida entre montes, conserva todavía esa esencia de frontera y refugio natural.
La Ermita de Santa María Magdalena, espiritualidad y paisaje
Viniegra de Arriba
A las afueras del pueblo, en un entorno de paz y belleza, se alza la Ermita de Santa María Magdalena. Este pequeño templo medieval, de una sola nave y arquitectura sencilla, se integra de forma armónica con el paisaje que lo rodea. Desde su promontorio se divisa una panorámica impresionante del valle del río Urbión y de los montes que abrazan la aldea.
Durante siglos, ha sido lugar de peregrinación y punto de encuentro espiritual. “En su interior se conserva una imagen de Santa María Magdalena que es sacada en procesión durante las festividades locales”, recoge la web de Pueblos más Bonitos de España. La caminata hasta la ermita —unos 15 o 20 minutos desde el casco urbano— es perfecta para realizar al atardecer, cuando la luz dorada realza la piedra y los prados que la rodean.
El corazón de la villa: la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción
Fuente De Los 3 Caños de Viniegra de Arriba
El casco urbano de Viniegra de Arriba está presidido por la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, el principal templo religioso y una de las joyas patrimoniales de la sierra riojana. Construida entre los siglos XVI y XVII, combina el estilo renacentista con elementos barrocos que se fueron añadiendo con el tiempo.
Su imponente fachada de sillería y la sólida torre campanario dominan el horizonte del pueblo. En el interior, de planta de cruz latina, destacan los retablos y el altar mayor, donde se venera a la Virgen de la Asunción, patrona local. Como señala la web de Pueblos más Bonitos de España, este templo ha sido “durante siglos el centro de la vida religiosa y social de los viniegrenses”, y alrededor de él giran las principales celebraciones del año, especialmente la fiesta del 15 de agosto.
La Fuente de los Tres Caños, símbolo del pueblo
En el corazón de Viniegra, junto al Ayuntamiento y el frontón, se encuentra la Fuente de los Tres Caños, un elemento tan sencillo como esencial en la vida del pueblo. Construida en piedra, con tres caños metálicos que vierten agua fresca de los manantiales de la sierra, es punto de encuentro y parada obligada para vecinos y visitantes.
“La fuente conserva su estructura original y está perfectamente integrada en el entorno urbano de este pintoresco pueblo riojano”, señala el mismo texto. No es casual que en 2019 Viniegra de Arriba fuera distinguida con el título de uno de Los Pueblos Más Bonitos de España. La fuente, más allá de su función práctica, es un símbolo del patrimonio etnográfico y del modo de vida sereno que caracteriza a la villa.


