
La pizarra de Pedrerol
PANTALLA PLANAS
Después del éxtasis del partido de Champions entre el PSG y el Bayern, el presentador del Chiringuito no pudo resistirse a especular con los posibles entrenadores del Real Madrid para la próxima temporada. Lo hizo con sentido del espectáculo, acompañado de una pizarra y un rotulador que necesita ya un recambio urgente. Josep Pedrerol escribió en la parte superior del tablero los siete nombres que se barajaban: Arbeloa, Klopp, Deschamps, Allegri, Scaloni, Mourinho y Pochettino. Después, optó por el sistema de las flechas a modo de ascensor. El presentador pintaba en la pizarra emulando a los técnicos que dibujan tácticas futbolísticas para explicar sus jugadas más sesudas. Pero era todo mucho más sencillo. El primero en descender fue Allegri. El sonido de unos truenos amenizó el desplazamiento del técnico hasta la parte media del dibujo. Deschamps también bajó unos cuantos centímetros, pero no tanto como el italiano. “A Klopp y a Mourinho los guardamos”, alertó el presentador. Mientras, su coro de tertulianos fingía sorpresa y usaba onomatopeyas para participar del show. Pedrerol puso un recuadro alrededor de los dos nombres reservados y, a continuación, Allegri todavía descendió aún más. Y a Pochettino lo desplazó al mismo nivel. “¡Oh!”, “¡Anda!”, “¡Lo baja!”, “Uh!” se escuchaba de fondo.
Pedrerol construía un suspense muy teatral, como si dosificara la información. “¿Arbeloa lo guardamos?”, preguntaba un alumno aventajado. El presentador le puso un circulito alrededor del nombre para, después, pintar con vigor una gran flecha para bajarle hasta la parte inferior de la pizarra: “¡Arbeloa está descartado!”, sentenció con firmeza. Poco a poco fue borrando los nombres hasta quedarse con los “guardados”. Dibujó un recuadro alrededor de los nombres de Klopp y Mourinho, que seguían en la parte alta del croquis. “¿Se entiende?”, iba preguntando a sus obedientes estudiantes. Sus hombres asentían con convicción. Deschamps quedó suspendido en un limbo, separándolo de los dos finalistas. “Me estoy arriesgando demasiado…”, expresaba Pedrerol con un rostro de cierta preocupación. Lo más cómico es que el presentador se quedaba en silencio, cabizbajo, fingiendo que estaba pensando, como si las intuiciones y la información le llegaran por influjo divino. Más que en una exclusiva periodística, lo convirtió en un espectáculo de magia esotérica o de mentalismo.