Periodista

Ronaldinho según Netflix

PANTALLA PLANAS

Netflix ha estrenado una miniserie documental que condensa la trayectoria de Ronaldinho. Los tres capítulos quizá la sintetizan en exceso porque eluden algunas circunstancias, borran algunos contextos y se olvidan de unos cuantos puntos de vista. El primer episodio, sobre sus inicios, es prescindible. El segundo, sobre su apogeo futbolístico, es el más interesante. Y el tercero es una especie de limpieza de imagen reputacional y emocional para sostener el personaje. El hilo conductor lo tejen entre el propio Ronaldinho y su hermano Roberto y aparecen delante de la cámara con una actitud que, como en otras series documentales, parece tener relación directa con la exigencia de la producción. Si el protagonista aparece espachurrado, repantingado y despatarrado en el sofá mientras lo entrevistan, como si estuviera cansado de por vida, el relato demostrará la misma falta de vigor.

En el documental intervienen, entre otros, Messi, Neymar, Edmilson, Deco, Ronaldo, Puyol y un omnipresente Laporta. El presidente del Barça no solo se convierte en una voz muy recurrente, sino que, a través de las imágenes de archivo, su imagen es constantemente incluida en el relato visual. Laporta deviene una presencia que domina, de manera exagerada, el relato verbal y visual. En cambio, hay figuras clave en la trayectoria de Ronaldinho, que no han sido entrevistadas ni incorporadas. Falta Sandro Rosell, conocedor de unas interioridades de su fichaje por el Barça que no se explican. No aparece Frank Rijkaard. Y Pep Guardiola prácticamente no es ni mencionado. En el segundo episodio, Laporta recuerda los ataques de la prensa a Ronaldinho, pero, en cambio, la serie y los testimonios corren un tupido velo sobre los conflictos y tensiones entre jugadores, como la escena tremenda de Eto’o en Vilafranca y el famoso comentario de Edmilson y la oveja negra del vestuario. El montaje, obsesionado con el ritmo, tritura las declaraciones. La obsesión por las frases cortas y los titulares elimina los matices. Se pierde la posibilidad de un buen análisis, de ofrecer explicaciones mucho más completas y complejas. La historia de Ronaldinho se simplifica a unos niveles tan elementales que, inevitablemente, el relato es a menudo tan sospechosamente sesgado como ridículo.

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