Periodista

Hasta pronto, Carolina

PANTALLA PLANAS

“Gracias por vivir a mi lado un viaje maravilloso”. Con estas palabras agradecía Carolina Marín el apoyo recibido a lo largo de su extraordinaria carrera en el bádminton. La deportista anunciaba su retirada con un vídeo en las redes sociales donde lamentaba no poder despedirse desde la pista, aunque lo hizo sin saberlo en los Juegos de París, en 2024. Marín tuvo palabras de agradecimiento para todo el mundo y expresó su deseo de seguir trabajando para devolver todo lo que ha aprendido a lo largo de su carrera.

La trayectoria de Carolina Marín pone en evidencia una paradoja mediática: ha sido una deportista de la élite mundial en una disciplina con escasa tradición y visibilidad en España. Este desajuste ha condicionado su presencia pública. Sus logros la han convertido en una figura excepcional, fácilmente transformada en símbolo. Pero el hecho de que el bádminton no forme parte de nuestro interés mediático habitual ha provocado que sus apariciones hayan sido intermitentes y como reacción a grandes victorias o circunstancias puntuales. A ello debemos sumarle el peso de las lesiones, que han implicado un relato público de superación y enorme resiliencia. Su dolor físico, sus procesos de recuperación y su tenacidad se han convertido en parte del relato, acentuando su aura de heroína singular.

En los últimos años, ha habido dos documentales que han permitido a la audiencia conocer un poco más de su vida: ‘Carolina Marín: Puedo porque pienso que puedo’, en Primer Video, y ‘Carolina Marín: la lucha infinita’, en Movistar+, grabado después de su lesión de rodilla en París. En ambos se construyó un relato muy específico sobre ella: el de una deportista sometida a una disciplina extrema y bajo la fuerte autoridad de su entrenador. No hemos visto solo la epopeya de una campeona, sino también los mecanismos físicos, emocionales y simbólicos que sostienen este rendimiento y que a menudo pasan desapercibidos. Este acceso privilegiado tiende a normalizar ciertas dinámicas de control e integrarlas dentro de la narrativa del éxito. Quizá, con el paso del tiempo, más adelante, estaría bien poder escuchar de nuevo a Carolina Marín con más calma, sin intermediarios ni el control jerárquico, donde pudiera explicarse con más distancia, con mayor autonomía y quizá con más espíritu crítico sobre todo lo que ha vivido.

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