Cuando Koundé es puntual
Pues sí, fue un gran día la fecha de la final de Copa que, como dijimos hace siete días, evocaba tres goleadas del Barça al Real, el 2-6, los 0-4 y el 2-5. La cosa acabó con 3-2 que, combinada con la épica de la prórroga y los dos penaltis claros escatimados, suponen otra goleada. El parcial de la temporada es de 12-4, con tres de los del Real a balón parado, lo que habla de la inoperancia de su fútbol.
La bochornosa campaña de Florentino contra los árbitros, síntoma de una cierta decadencia, estuvo a punto de fructificar cuando De Burgos y el Var ignoraron los penaltis de Ceballos a Cubarsí y de Rüdiger a Ferran. El Real usó la violencia para paliar su impotencia, sabiendo que era impune, y terminó creando un tumulto indecente contra De Burgos, con Rüdiger como maestro de ceremonias.
La final tuvo en Koundé su héroe, que esta vez fue puntual para dar la victoria al Barça. A estas horas las multas acumuladas por su apego a las sábanas estarán canceladas. Pero, ¿qué hacía Koundé en el centro del campo? Vigilar a Brahim, que esperó un balón de Modric en una zona delicada, en lugar de ir a por él. Eso es el abc del fútbol. Koundé se anticipó veloz y puntual para hacer historia.
Una historia que continua ante el Inter, en Champions. Los precedentes indican que el Barça se duerme tras los partidos siguientes de lograr un título. Veremos si Flick obra otro milagro ante un rival rocoso y marrullero como el Inter, aunque no lo será más que el Real. Este Barça de chavales osados y desenvueltos, capaces tanto de retar a Bellingham (Gavi) como de pasar un balón imposible a Ferran (Lamine) parece no tener techo.
