
El minuto de gloria de Gledhill
PANTALLA PLANAS
Es muy posible que el nombre de Gabriel Gledhill no les suene de nada. Es un esquiador de fondo británico, residente en Noruega, de 23 años. En su perfil de la Federación Internacional de Esquí y Snowboard constan sus participaciones en Copas del Mundo, Mundiales y la Scandinavian Cup, pero siempre en posiciones atrasadas. Podríamos decir que no se trata de una figura muy destacada de la élite mundial. En cambio, esta semana, Gledhill apareció en varios informativos de todo el mundo. Y no lo hizo por motivos deportivos, sino por una razón más lamentable: competir borracho a lo largo de la carrera de 50 km de la Copa del Mundo en HolmenKollen.
Se bebió todo lo que le ofreció el público a lo largo del recorrido: más de una decena de cervezas y todo tipo de licores. Curiosamente, el enfoque informativo es que no lo hizo tan mal: “Vivió la carrera a su manera y así celebró lo que puede ser su última estancia en Noruega tras no concederle su solicitud de residencia. (…) No fue expulsado del recorrido a pesar de su ejemplo poco deportivo. Llegó a meta perjudicado. No fue el primero, pero tampoco el último”, explicaron en Antena3 Deportes. Es decir, llegó como siempre suele hacerlo.
Las imágenes lo mostraban parando a empinar el codo, lo que la noticia definía como “paradas técnicas”. Gledhill concedió entrevistas después admitiendo que estaba borracho. Era obvio. Las teles lo vendieron como una despedida festiva de Noruega por no conseguir la renovación del permiso de residencia, pero no se comentó cómo entorpeció la carrera de los demás: las competidoras femeninas tuvieron que pedirle que se apartara del carril y se vieron obligadas a gestionar las molestias de sus “paradas técnicas”. La noticia se ajustó a la lógica del vídeo viral: siempre es mejor un payaso que un buen atleta. La actitud de Gledhill se podría abordar desde la preocupación por su salud o su situación profesional. Pero esta ha sido su manera de llamar la atención y lo ha conseguido. No corrió por competir, sino para crear espectáculo (penoso). Su gesta es visual y permite una lectura cómica.
Qué triste debe ser para los deportistas profesionales que nunca reciben atención mediática ver cómo estos personajes logran su minuto de gloria, aunque sea de forma patética y tan poco ejemplar. Y delata la hipocresía de los medios: la indisciplina se convierte en divertida si genera buenas imágenes.