Noticia muy triste para despedir 2024: ha muerto ‘El Cholo’ Sotil en su querido Perú. El impacto es aún más duro porque hace apenas semanas pudimos abrazarnos con él en la Agrupació de veteranos, justo cuando el Barça cumplía 125 años. Hacía tiempo que no se dejaba ver por Barcelona y por eso su llegada fue especialmente celebrada por quienes fuimos sus compañeros. Sonreímos y recordamos anécdotas con él y esa es la imagen con la que me quiero quedar, porque sólo unos días después ya supimos de su hospitalización en una UCI de Lima. Un abrazo a la familia.
De Sotil se han dicho muchas cosas, pero me gustaría ir al detalle porque ha pasado medio siglo de su estancia en el Barça y quiero que los aficionados no tan veteranos entiendan del nivel de futbolista del que hablamos. Resumiendo, diré que era una especie de Romario por su centro de gravedad bajo, su habilidad con el balón y esa fortaleza que le permitía chocar con el defensa más duro sin que le movieran del sitio. De su huella en el club habla como pocas cosas que, pese a que apenas le dejaron brillar aquí, la temporada 1973-74, los futboleros se acordaban de él décadas después, mucho más allá del 0-5 al Madrid. Sotil era un futbolista al que le vi hacer cosas con la pelota que después parecían haber inventado otros: colas de vaca, ‘croquetas’, remates de tacón... un gran intérprete del fútbol virtuoso sudamericano al que, si acaso, sólo le faltó un poco más de gol. Pero, sin duda, es para mí uno de los mejores futbolistas extranjeros que han pasado por el Camp Nou.
Sotil tenía algo poco común en los jugadores virtuosos como él: la valentía. Era un delantero muy, pero que muy valiente. Recuerdo un partido en Granada, con ‘aquella defensa’, los Fernández, Aguirre Suárez, Montero Castillo.... Fui a tirar un córner y al levantar la cabeza sólo le vi a él en el área, al remate. No se arrugaba. Y si le ‘daban’, en vez de encararse, pedía explicaciones al marcador. “¡Oye! ¿por qué me haces eso? Juega...”.
Entrenando, recuerdo bromear con él al hacer un ‘rondo’ y nos tocaba coincidir pasándonos la pelota. “¡Oye, ‘Carlitos’ –porque así me llamaba ‘El Cholo’– nosotros dos aquí engordaremos, ¡nunca iremos al medio a correr tras el balón!”, decía mientras reía. Era un tío noble-noble, que se alegraba por los demás cuando les iban bien las cosas, que si tenía que regalar un gol en vez de marcarlo él, lo hacía. Se nos fue Neeskens y ahora se va Sotil en este 2024. Espero que, allí donde estén, sí les dejen jugar juntos.
Víctima de los despachos
No jugar le afectó: nos veía viajar y él, aquí
Llegó Neeskens y Sotil entró en trámites para lograr la doble nacionalidad, imprescindible para jugar porque estaba Cruyff y sólo permitían dos extranjeros. Le dijeron que en poco tiempo lo tendrían arreglado, pero aquello se alargó y alargó. Él nos veía viajar para jugar partidos. Y él, aquí, aburrido, despistado. Pasó el tiempo, demasiado, y al volver le faltó algo, chispa. Era de esos futbolistas que necesitan balón más que entreno. Su caso me recordó al del brasileño Da Silva, años antes. Vino y no le dejaron jugar. Como aquí casi nadie le vio jugar y yo sí le vi entrenar, diré como era: bueno, rápido, goleador, planta 'a lo Pelé'. Le vi meter un gol de volea en un amistoso, lo mejor del año. Lo explico porque a veces se olvida cómo eran los futbolistas. Siempre creí que resumir a Kocsis en “cabeza de oro” era minimizarlo: con los pies era un crack. Volvamos al ‘Cholo’. Le gustaba tanto jugar y tanto Perú que en 1975 se fue sin permiso del club a jugar la final de la Copa América. Su gol les hizo campeones. Al volver a Barcelona, se temía una gran bronca... y le felicitaron por el título.