
Ansu sí quiere
Dembélé no quiere seguir siendo jugador del Barça. Prefiere el PSG y repartir 25 millones con su agente especial. Y eso que Xavi se volcó con él desde el primer minuto. Dijo que podía ser el mejor del mundo en su puesto. Cuando el club lo presionó para marcharse, el técnico del Barça lo acogió. Siempre ha sido uno de los favoritos, como Lewandowski o Raphinha o hasta Ferran. Sin embargo en Las Vegas, la meca del juego, del éxito o la ruina, el crack fue Ansu, un jugador que no ha actuado de titular en ninguno de los tres encuentros que ha disputado el Barça en la gira, que no es ningún favorito, pero que decidió quedarse en el Barça a pesar de que todos los indicadores del club blaugrana apuntaban a que fuera uno de los futbolistas que engordaran la caja con un traspaso. Ansu sí quiere. Su apuesta salió bien en Las Vegas, con apenas 45 minutos, en la segunda parte. No va más.
El Barça sin Dembélé es un equipo profesional, con menos desborde. Ha ido perdiendo magia y ha ganado en solidez. Después de 15 años en los que los toques mágicos los ponía Messi, últimamente los quiebros de Dembélé eran un punto diferencial en un equipo que ha aprendido bien lo sistemático. La presión que ejerció ayer el Barça ante el Milan fue espectacular. Sobre todo en la primera parte dejó muy claro que sabe como recuperar la pelota, adelantar la defensa y asfixiar al rival. Romeu volvió a causar buena impresión con Fermín de titular, como merecido premio a su gran actuación frente al Madrid. También salió en el once inicial Ferran, goleador en esta gira.
Pero el crack fue Ansu, el jugador cuestionado que se puso el 10 a la espalda cuando nadie osaba colocarse el número del mejor del mundo. El futbolista que se rebeló y apostó todo al Barça, sin escuchar las voces que lo querían alejar de su auténtico objetivo. En Las Vegas, el paraíso de los sueños, dio el triunfo al Barça el día que prácticamente se despidió Dembélé, el jugador de unas características extraordinarias que en el FC Barcelona siempre fue un crack interruptus, con grandes noches, malos días y esa sensación de que lo que decía no se acababa de cumplir ni de creer tras pasar por el tamiz de sus agentes.