OPaquito el chocolatero. Puede producir hasta risa el titular. Pero esta es la sensación que han podido tener los aficionados del Real Madrid o del PSG.
Día sí y día también era un vaivén de conversaciones, de posibilidades al paso de las comparsas, al golpe de los timbales.
Y esto último parece que ha sido prioritario para Mbappé, el delantero del PSG. El golpe de talonario del presidente del club francés, Al Khelaifi. Hay casualidades que nos hacen tomar decisiones. Entre ellas, poder vivir en el país donde uno ha nacido. La magia de la subjetividad subyace en sus decisiones.
Delante de cualquier decisión, respeto hacia el prójimo, respeto hacia ti y en el caso de Kylian Mbappé, también hacia su afición. Los argumentos que hemos utilizado para convencer a nuestra mente no están en posesión de la verdad en cada momento. Hay que tener paciencia para discernir entre verdad o falso convencimiento.
La verdad vendría a ser la coincidencia entre una afirmación y los hechos. En el caso de Mbappé, la afirmación y sus razones por las que se queda en el club francés. Los hechos, hoy en día, están contrastados. Se queda. ¿Hasta cuándo esta verdad será realidad? ¿Próximo cheque? ¿Próximo proyecto más adecuado fuera de sentimentalismos?
Quizá en el futuro, Florentino Pérez le haga una nueva oferta. O quizá, Quique con su Palique convenza al delantero de que cada emoción abre una nueva perspectiva de la realidad para colocarlo en un mosaico mayor. En un club mejor. ¿Mbappé en el Barça? ¿Mbappé en el Espanyol? ¿Mbappé en el Real Madrid? ¿Mbappé en el Atlético?
No se rían. Cuando existen las ganas, todo es posible.