El poder de las palabras

El poder de las palabras

Dos personas que mantienen una conversación cooperan, dando por sentado cuatro máximas: el principio de sinceridad, de cantidad, de relación y de manera. El jugador recibe miles de mensajes cada día; algunos contradictorios, otros, de malas maneras y ofensivos, otros, manipulando, con mentiras... Y por muy deportistas que sean, son personas. Daniel Kahneman , economista y psicólogo decía: “Una sola cucaracha puede arruinar el atractivo de un plato lleno de cerezas, mientras que una cereza no le hace nada al atractivo de un plato lleno de cucarachas”.

Entrenador-jugador, jugador-periodista, jugador-familia, redes sociales-jugador, jugador-oponente. En cada uno de estos binomios existen conversaciones de diferentes índoles, tonalidades, sonidos, pero el denominador común de todos ellos, es el mismo: el jugador.

En el binomio jugador-redes sociales: Tayla Harris sufría acoso con comentarios sexistas por subir una foto mostrando su capacidad para levantar su pierna hasta la altura de su cabeza. Abstraerse de la situación y verla como absurda. ¿Me deberían afectar opiniones desconocidas bajo el escudo de internet y del todo vale?

Jugador-periodista: Se entiende que periodista y jugador deben bailar al unísono, pero sin pisotones, sin manipular, con respeto y coherencia. Es duro leer en algunos medios de comunicación titulares hirientes directo a la identidad del deportista o a la vida personal. Pensar que los periodistas están juzgando y escribiendo según su marco de referencia o para aumentar la venta de periódicos debilitará su posible rabia al leer la noticia.

Jugador-entrenador: Si bien hay algunos entrenadores que utilizan los gritos para motivar, deberían reflexionar que toda comunicación debería ser terapéutica, teniendo la obligación y el deber de no convertirla en tóxica.

Jugador-oponente: Al waterpolista Víctor Gutiérrez le llaman “maricón”. Al futbolista Mouctar Diakhaby le llaman “negro de mierda”. Palabras hirientes que duelen. Palabras que debe encajar el jugador mientras juega y evitar al mismo tiempo pensamientos circulares atrapados por ese vocabulario.

Jugador-narrativa interior: Andrés Iniesta reconocía que “pasan los días, no mejoras, todo se va volviendo nublado y negro”. André Gomes admitía que su mal rendimiento le provocó miedo a salir de casa.

Estas narrativas interiores les pueden llegar a hacer ver una realidad deformada.

El lenguaje es un automatismo y por ello debemos tomar conciencia de cómo nos hablamos, como nos hablan, qué lenguaje y palabras utilizan, y del efecto que surge en nuestras emociones las frases que nos dicen.

Desde la psicología y el coaching, la importancia de las palabras nos ayuda a entender nuestros relatos, a construir nuestra personalidad y aprender o mejorar las habilidades lingüísticas para hablar con el mundo y con uno mismo.

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