Llevamos 6 días en el vivac de Bisha. La estancia aquí ha sido dura. A la piel seca y la sangre de mi codo por culpa de la arena, se le añadió un resfriado. Pero si algo se aprende en el Dakar es a resistir, a veces improvisando.
Y es lo que hicimos. Estábamos hartos de dormir en una tienda llena de arena, respirando polvo, cuando nos enteramos que parte de los empleados del Dakar, que dormían en barracones cerrados, se habían ido. ¿Estaban libres? Fuimos a echar un ojo, de noche, para ver si era cierto. Y de repente, una puerta entreabierta llamó nuestra atención.
La abrimos con cuidado, por si había alguien dentro descansando. Y, sorpresa: ¡estaba vacía! Había 8 literas de dos pisos para el grupo de prensa española. Fue nuestro secreto durante 3 noches. Pudimos resguardarnos del frío y las tormentas de cada noche en aquella caseta, que para nosotros, era mejor que una mansión.
Hoy cambiamos de vivac. Vamos a Al Henakiyah, y ahora, una vez pasado el peligro de que nos descubran, ya se puede contar. Empieza el Dakar más duro, el de los viajes de vivac en vivac. Y de nuevo, a dormir en tienda. Igual incluso llueve fuerte hoy.
Nada comparado a ver el vídeo de tu única hija de 10 meses abriendo por primera vez los regalos de Reyes, a 5.000 km de distancia. Pesa. Me quedan 12 días aquí. No ayuda lo ocurrido con Sainz, Nani, Laia y Cristina. La esperanza ahora es Tosha.



