El fútbol es un deporte que se juega tanto con los pies como con la cabeza. Y, en el caso del Girona, el aspecto mental se ha convertido en un factor determinante en su rendimiento en esta segunda vuelta. No se trata sólo de cuestiones tácticas o técnicas, sino de cómo el equipo asimila los momentos de dificultad, cómo gestiona la presión y cómo reacciona ante la adversidad.
Las diferencias son evidentes. Cuando las cosas iban bien, cualquier corrección tras una victoria se recibía con motivación y confianza, como un paso más en un proceso ascendente. Ahora, cada señalamiento parece pesar más en los jugadores, que, con las expectativas disparadas, no encuentran la fluidez que les hizo brillar. Se ven en una situación distinta, donde las comparaciones con el pasado han generado una carga emocional que influye en su juego.
La única manera de salir de esta dinámica es afrontándola. El equipo necesita un cambio de mentalidad, y el próximo partido ante el Espanyol es la oportunidad ideal para hacerlo. No es solo un derbi con un componente emocional extra, sino también una prueba de carácter. Es el momento de volver a creer en sus fortalezas, de recuperar esa versión del equipo ‘blanc-i-vermell’ que dominaba los partidos desde la confianza en su idea de juego.
Ahora que las lesiones ya no son excusa y que el equipo tiene semanas limpias para trabajar, la clave está en reencontrarse consigo mismo. Más allá de las correcciones tácticas necesarias, el gran reto es recuperar la mentalidad ganadora, la ambición sin ansiedad y el hambre sin precipitación. El Espanyol será el primer termómetro para medir si este cambio de chip se produce de una vez por todas.
Precisamente, lograr una victoria en tierras vecinas supondría un impulso y una bocanada de aire fresco para un equipo que necesita números para coger impulso y conectar con todo lo anímico. Todo empieza en el RCDE Stadium.


