Se esperaba que Dembélé, justo después de ganar el Balón de Oro, jugara un partido de Champions en el Camp Nou el próximo 1 de octubre. No sabemos si, para esa fecha, habrá ganado el trofeo individual como mejor futbolista del planeta. Tampoco sabemos dónde se disputará el partido entre el Barça y el PSG, ni con qué aforo. Lo que sí sabemos seguro es que la lesión en el muslo derecho, que se produjo en el Francia-Ucrania del pasado fin de semana, le impedirá a Dembélé jugar contra el Barça. Más allá de si su ausencia beneficiará o no a los de Flick, lo interesante es ver que se cumplió la profecía. Durante muchas semanas, analistas y preparadores físicos advirtieron que los futbolistas que jugaron el Mundial de Clubs hasta muy tarde, que tuvieron pocas vacaciones y qué empezaron pronto la temporada 2025-26 sufrirían lesiones musculares durante el presente curso.
Así pues, Ousmane Dembélé ha sido el primer gran afectado por el Mundial de Clubs. Es doble víctima del virus FIFA, ya que el PSG había advertido a la Federación francesa, por carta, que tenía que cuidar especialmente a Dembélé, quien ya llegaba cargado al parón de selecciones. El jugador, tras una temporada descomunal de desgaste en la presión y en los esfuerzos, jugó la final del Mundial ante el Chelsea el 13 de julio. El 13 de agosto, el PSG ya jugaba la final de la Supercopa ante el Tottenham. El equipo solo llevaba una semana de entrenos... y ya se ha roto. El poco descanso y la pretemporada precipitada se paga muy cara.
Lo de Luis Enrique, la bicicleta, la fractura de clavícula y el quirófano es otra cosa. Será una lástima que el míster no vuelva a Barcelona en el partido que todos los culés están ya esperando.

