No fue el qué sino el cómo
Hasta el minuto 72 el Barça llevaba un disparo entre los tres palos, el pasado domingo en el Metropolitano. En los 26 minutos restantes marcó cuatro goles en cinco disparos, ganó e incluso batió un récord: nunca al Atlético de Simeone le habían remontado un 2-0.
Pasó de la noche al día, del frío al calor y de la derrota a la victoria, en una reacción impensable por contundente. Hasta el psicológico gol de Robert Lewandowski, el equipo recordaba el de Xavi Hernández, el de los mil pases inútiles en horizontal en plan balonmano. Fue un espejismo. La noche tuvo un espacio para la épica, algo a lo que se han abonado los jugadores de Hansi Flick. Un vendaval de fútbol y goles, a uno cada seis minutos, destrozaron un Atlético paralizado porque el Barça había cambiado su chip al modo de velocidad y verticalidad.
No fue la victoria en sí, sino la manera de conseguirla la que aporta, aparte los tres puntos, un valor añadido al trabajo, el esfuerzo y el sistema. No fue casualidad. Algo parecido ocurrió dos veces en Lisboa donde, en medio de un diluvio, se pasó del 4-2 al 4-5, y, días más tarde, se logró un 0-1 con 10 durante una hora. Si hace unos meses el Barça perdía puntos en los últimos minutos (Balaídos, Benito Villamarín y Atlético, en Montjuïc), ahora los gana. Imbatido 18 veces en 2025, el equipo está en línea ascendente en esta recta final de la temporada. Es momento, pues, de confiar y consolidar un equipo, pero sin perniciosos triunfalismos gratuitos, como son hablar de un triplete y/o repartir balones de oro entre los jugadores. La ecuanimidad recomienda esperar y ver. Con ilusión, claro.
