No se puede decir que 2024 haya sido un año bienaventurado para el Barça. El declive que ha experimentado ha sido evidente en las tres vertientes principales, la social, la deportiva y la económica, como producto de una gestión negligente, que ha culminado estos días con otra súplica a la Justicia para que Olmo y Pau Víctor puedan seguir en activo. Tres años y nueve meses después de ganar las elecciones no se cumple con el ‘fair play’ financiero. Inexplicable.
Socialmente, hay una clara desafección, que se refleja en el hecho de que los socios abonados son menos de la mitad del aforo de Montjuïc (22.700). Tal desafección se repitió al no llegar a 10.000 (sobre 62.000 posibles) las peticiones de abonos para el enigmático retorno a un Camp Nou a medio terminar. Un fracaso rotundo.
Deportivamente, no hubo título alguno y el Barça ha salido por vez primera del ‘top ten’ del ranking UEFA. La mejor noticia fue, sin duda, la confirmación de las promesas de La Masia, que auguran un futuro prometedor, pese a la manifiesta irregularidad en la Liga, que contrasta con una brillante Champions hasta ahora. Desconcertante, aunque en este caso hay que confiar en el futuro.
En el aspecto económico, la caótica gestión se ha reflejado en unas pérdidas de 91 millones y la falta de ingresos para inscribir todos los jugadores, como se ha dicho. El nuevo contrato con Nike (1.700 millones en 14 años) no ha sido confirmado por la marca y, ante estas mentiras, cabe ponerlo en entredicho. El índice de fiabilidad de la gestión sigue debajo de los mínimos exigibles.