El titular de la portada de Mundo Deportivo de ayer –Caída libre- no podría definir mejor el fin de año que está experimentando el Barça. Dos palabras que seguramente estaban dirigidas exclusivamente al momento deportivo, en el que las estadísticas no mienten, y han acabado por situar a Hansi Flick como un entrenador de ensueño a coleccionar una pesadilla de números peores que los que tuvieron los dos técnicos anteriores, Ronald Koeman y Xavi Hernández. ¡Boom! Es como si el globo deportivo que armamos los periodistas con las exhibiciones ante el Bayern Munich y el Real Madrid se haya desinflado. En cuestión de meses hemos pasado del enamoramiento total a las sospechas de lo que esos mismos técnicos ya habían anunciado. Y hasta el propio entrenador alemán parece estar cambiando. Lógico. Dos derrotas consecutivas en casa, y cinco en 18 jornadas, es una suficiente dosis de mala uva que concluyen con la pérdida del año.
Pero la caída libre yo también la aplicaría a una gran parte del barcelonismo. El desinfle es general. Hasta Josep María Minguella, amante de las tertulias y de las asambleas del club, ha escrito que en la última se marchó antes del final. Y cómo él, seguramente muchos compromisarios obviaron los pormenores de la misma. ¿Para qué? Debieron concluir. Todo indica que a la masa social que se paguen a un comisionista cantidades exorbitantes le importa exactamente un bledo. Aquí también se podría aplicar la frase que últimamente persigue al barcelonismo: “Es lo que hay”. Puede que existan un par de grupos opositores que lanzan comunicados y piden explicaciones que no encuentran respuestas. Cae una sanción exagerada sobre el entrenador y la decisión del club es no apelar, pero tampoco hay un directivo que proteste. Habrá que esperar que en el 2025 tanta indiferencia abra paso a una nueva dinámica del club. En las gradas y en el terreno de juego. Mientras, que tengan ustedes unas ¡Felices Fiestas!