Aveces hace falta afrontar un buen examen para levantarse con fuerza y, sobre todo, despejar todas las dudas surgidas en una crisis de resultados. Y el de mañana lo es. El Barça se juega ante el Atlético de Madrid mucho más que tres puntos, primero porque estamos hablando de un rival directo que viene sumando en silencio de tres en tres, y después porque todos los culés necesitan ver una reacción contundente del equipo tras conseguir una sola victoria en las últimas seis jornadas.
La sensación durante toda la semana fue un poco rara, bastante rara. Un silencio tenso que se puede explicar como una manera inteligente de mantener la calma, concretamente en una fase importante de la temporada. El comienzo con Hansi Flick había sido tan fantástico y tan prometedor que pocos imaginaron la situación actual, en la que el barcelonismo anda lógicamente muy contrariado y repitiendo las mismas preguntas de forma simultánea: ¿Qué está pasando últimamente? ¿Cómo se pueden desperdiciar tantos puntos y más en casa?
Dicho esto, es hora de apoyar a todos los jugadores y cuerpo técnico. No es un tópico o una frase de la directiva en un momento difícil, sino una realidad y diría incluso hasta una obligación para los amantes de este escudo. Nada está perdido, pero el panorama requiere ya una imagen positiva frente a los colchoneros. Es el mejor partido para recuperar la moral y, sobre todo, volver al camino de la confianza. El camino que nos ha hecho soñar con tantas cosas y que nos hizo pensar en algún momento que el Barça es invencible. Son rachas en el fútbol, pero francamente ya va siendo hora de levantar el vuelo.