Gianni Infantino, el presidente de la FIFA, ha hecho del Mundial un traje a medida. El torneo de 2030 le venía grande a un solo país (lo pretendía España en los preliminares) y lo ha repartido entre seis. Será un megatorneo XL que dará para contentar a todos: 48 selecciones, 104 partidos, 3 continentes (América, Europa y África), 6 países (España, Portugal, Marruecos, Uruguay, Argentina y Paraguay), 10-12 sedes por decidir y, sin confirmar, consolación para el Spotify Camp Nou, semifinales en Lisboa y Casablanca y la final en el Santiago Bernabéu. Un torbellino mareante de horarios, países y fechas.
Franco consintió la petición del Mundial-82 en 1964 a la FIFA y un año después autorizaba al COE solicitar al COI los JJ OO de 1972 para Madrid. La consigna era clara: Madrid capital de atracción del deporte (junto a las hazañas europeas del Real Madrid de Di Stéfano) como herramienta de propaganda y mostrar cierta mano blanda de una dictadura repudiada en Europa.
España-82 transitó entre el olor a naftalina y una pretendida modernización. El sorteo de grupos se hizo el 17 de enero y abochornó al mundo. Se eligió una puesta en escena ‘a la española’ y para ello nada más castizo que el Palacio de Congresos y Exposiciones de escenario con la colaboración de los niños de San Ildefonso. Joao Havelange, Joseph Blatter y Pablo Porta estaban al mando. Fue un sindiós: poca transparencia, bolas que se partían, niños desorientados que iban y venían y las risotadas en el patio de butacas dieron al acto un aire de función de cine pícaro al estilo de ‘Los Tramposos’ de Tony Leblanc. Matías Prats, que retransmitió el sorteo junto a Mari Carmen Izquierdo por TVE, admitió: “Este es un fallo importante” cuando el funambulista Blatter ordenaba cambiar las bolas de bombo. El secretario general de la FIFA empezaba a ensayar para el futuro sus innegables dotes de ilusionista.
El Naranjito triunfó a medias. La mascota ganadora del concurso se vendió como un diseño alejado de los tópicos del momento, un producto de la incipiente modernización española. El criticado Naranjito se impuso a Brindis y a Toribalón, el primero era un torero y el segundo un toro con su rabo y un balón como cuerpo. Pese a todo la mascota ganadora llenó los kioscos del país y se vendió bien.
La cultura, a la altura. El cartel del Mundial lo realizó el pintor Joan Miró, autor en 1974 de la obra del 75 aniversario del FC Barcelona, y cada sede eligió un artista para componer su creación. Antoni Tàpies (Barcelona), Chillida (Bilbao) y Antonio Saura (Sevilla) encabezaron un elenco que enfatizó el reconocido arte español a nivel internacional. Ese caudal artístico fue repitiéndose en otras manifestaciones como Barcelona-92.
En el fútbol doméstico, el Barça de Lattek cedió la Liga a la Real Sociedad despreciando 5 puntos a favor a falta de seis jornadas. Un disparo al pie que aún está fresco en el hincha más desconfiado. Abundaban las refriegas entre Barça y Madrid y el 27 de noviembre el madridista Juanito se querellaba contra Josep Lluís Núñez por calumniarle: “Qué dirían de nosotros si tuviéramos a un jugador que anduviera embarazando mujeres por las esquinas como Juanito…”
‘La casa de la pradera’ llegaba a su novena temporada con la familia Ingalls poniendo la otra mejilla. Michel Landon, ex de Bonanza, era el padre bondadoso y bobalicón de una familia creyente con tres hijas, caritativa y plasta que se había instalado en el oeste fronterizo. Sus valores edulcorados y las tropelías que les hacían pasar los desalmados de la comunidad combinaban bien con una digestión dominguera.
Fuera del espectáculo, el año comenzó con el juicio para los 33 encausados por el golpe de estado y acabó con Felipe González aupado en la Presidencia del Gobierno tras obtener 10 millones de votos. El régimen se desintegraba y la transición tenía rostro con patillas, pana gruesa y los cassettes de los cantautores como música de fondo.
Santamaría era un entrenador susceptible, sufridor, solidario y sencillo. Se pasó el Mundial angustiado, resignado a sobrellevar el peso de las quejas y la crítica. En un amistoso ante Inglaterra antes del Mundial descubrió que no era el hombre para ese banquillo. La prensa apenas le hacía caso, los jugadores le respetaban por jerarquía y se había hecho a la idea de que debía marchar. Así lo confesó años más tarde al periodista Enrique Ortego. Abandonó la selección como un fugitivo de inmediato y jamás volvió a dirigir a un equipo, aunque buscó refugio en los veteranos del Real Madrid. Atrás quedaban sus temporadas de gloria en el Espanyol de los 70 con un tercer puesto y dos clasificaciones para la Copa de la UEFA. Era la tristeza del telediario de cada día.
La selección solo ganó un partido a Yugoslavia, empató contra Honduras e Inglaterra y perdió frente a Irlanda del Norte y Alemania. Un desastre. Mitad furia mitad sacrificio, el talento no brotó en una base de 6 jugadores de la Real Sociedad, 5 del Barça y 4 del Real Madrid.
Para 2030 la selección española contará con jóvenes que ya se están abriendo camino. Lamine Yamal tendrá 23 años, Gavi, Balde y Fermín 26, Pedri y Yéremi Pino 27, Nico Williams, 28, esos y otros jugadores de la sub-21 alegran la vista al seguidor más exigente. Adiós tristeza.