Vaya manera de empezar el año, aún con el susto en el cuerpo en forma de dos uvas de Nochevieja atragantadas de mala manera en la garganta, de aquella manera tan explícita que ya me entienden ustedes, sobre todo los hombres. No me digan que lo de Logroño no fue duro. Buff, qué mal rato. El Athletic empieza la defensa del título tal y como lo conquistó, a penaltis.
Y sí, claro que son una lotería, no me vengan con que todo se prepara, qué va. El penalti de Nico al cuarto anfiteatro está tan preparado como el de Unai que dio el triunfo. Los hados nos favorecen de momento, y punto. Que se lo digan al Mallorca en Pontevedra. Es nuestro particular regalo de Reyes. A degustarlo, como el roscón.
Lo importante es pasar, quedémonos con eso. Y sin solución de continuidad, dejamos en la cuneta a un Segunda Federación y nos llega en 24 horas un miura de primera mundial, el Barcelona. No sé si jugará Olmo ni me importa, allá ellos, pero el rival es de enjundia.
He vuelto a colocar turrón y cava en el salón. Los magos no me han dejado nada, ni carbón, que ya no es ecológico. Pero no quiero esperar otros 40 años. Lustrados los zapatos de nuevo, he pedido una segunda oportunidad, que para eso jugamos en Oriente, en la arena de Arabia. A ver si cae la Supercopa. Si no hay rival pequeño, que diría Valverde, tampoco lo hay imposible. Acostaos temprano y cerrar fuerte los ojos. Habrá milagro. Crucen los dedos.


