El pasado viernes se cumplieron diez años del debut de Iñaki Williams con el primer equipo del Athletic. Una década de aquel choque contra el Córdoba en San Mamés. Derrota rojiblanca por 0-1 con un once titular en el que además del delantero bilbaíno figuraban, entre otros, Laporte, De Marcos, Gurpegi y Muniain. Aquel día Aduriz causaba baja y de ahí el estreno del ahora conocido como el mayor de los Williams.
Iñaki ha disputado desde entonces 441 encuentros distribuidos a lo largo de once temporadas. Ya es, lógicamente, uno de los capitanes del equipo. Por veteranía, por sentido común y por peso específico dentro del propio vestuario.
Williams dejaba claro el pasado viernes en una entrevista concedida a Aitor Martínez, periodista de DEIA, que “Kuko Ziganda, que por así decirlo, junto con Ernesto (Valverde), ha sido mi padre deportivo. Él fue delantero, tenía mucha fe en mí y me subió al Bilbao Athletic a pesar de que había delanteros de mucha más edad que yo, con mayor trayectoria en el filial. Me subió y apostó por mí. Es el primero que empezó a ponerme de extremo”.
Iñaki Williams, el del pedazo contrato y el récord de continuidad, no ha tenido un camino de rosas para asentarse como león. Su trayectoria ahí queda. Su nobleza, también.


