Una maldita decisión, un error sin perdón. Torpeza para echar a perder por un día. Kyrie Irving, el que hizo sólo lo que es capaz de hacer un malabarista como él, inventando e inventando lo que no existe todavía en el baloncesto bien entrado el siglo XXI, le quitó toda la vida que le había dado a unos Mavericks que enfilaron el corredor de la muerte con su reñida derrota en Atlanta en la prórroga (132-130).
41 puntos para Kyrie -16 de ellos entre el último cuarto y el tiempo extra-, el genial base cometió una falta evitable sobre Trae Young con 1,8 segundos por jugar para arrastrar a Dallas casi a la nada, undécimos fuera del ‘play-in’ con 37-42 a falta de 3 partidos, más difícil aún alcanzar la décima posición que ocupan ahora los Thunder con 38-41. Según la cuenta Mavericks Latam, en el mejor de los casos Oklahoma sólo puede ganar un partido y siempre que los Mavs ganen los tres.
Fue un final de suspense, de pasión, con profundos significados y connotaciones, hasta con tintes de surrealismo en una triste y también espesa tarde para Luka Doncic, 22 puntos tras un 8/21 en lanzamientos y un 3/12 en triples y 5 pérdidas pese a sus 7 asistencias, agotado más anímica que físicamente el esloveno pese a su evidente compromiso. Posiblemente en el momento en el que más se tiene que parar y reflexionar el ’77’, Trae Young hizo algo como invitarle a volver al principio, donde empezó todo.
Trae Young, el ‘corrosivo’ Young -se le señala como culpable de que los Hawks hayan tenido tres entrenadores en 5 años-, el ‘patito feo’ del traspaso por el los Hawks hicieron tan mal negocio -dar a los Mavericks a Doncic en el draft de 2018 para traer a su actual base-, dio casi la puntilla a Dallas convirtiendo los dos tiros libres decisivos.
La superioridad de Doncic sobre su coetáneo es incuestionable, pero los resultados de una y otra franquicia en el último lustro ponen en duda si realmente se puede considerar a los Mavericks los grandes beneficiados del intercambio por cómo han hecho las cosas alrededor del ex del Real Madrid, si ir a Dallas fue un mejor trato para Luka, exactamente el mismo balance: Finales de Conferencia -los Hawks en 2021 y los Mavericks en 2022-, y ya, sin ninguna ronda de playoffs más superada y con Atlanta en disposición de ir a play-in y los Mavs en proceso de empezar a asumir lo inesperado este curso.
Pero los hechos son tan imperdibles como la lectura. Si en un segundo cabe toda una vida, en una décima lo hace todo un año. Debió ver pasar Kidd todo el año en la décima que quedaba después de que Christian Wood fallara el segundo tiro libre y Dallas no pudiera empatar (123-122) que el técnico mandó revisar la jugada para ver si daban a los Mavericks algo más para una última acción. Fueron tres décimas más a las que se agarró Kidd como la vidapara un total de 0,4, haciendo punta a su imaginación para dibujar una última jugada que resucitara a los Mavs, negados con los tiros libres con un 22/32.
En una acción más de fútbol que de baloncesto -el entrenador de los Mavericks empezó de hecho jugando a balompié-, Doncic colgó un balón a la ‘olla’ para que JaVale McGee hiciera lo que pudiera, apelando al ‘instinto’ de delantero del pívot Kidd, delantero en los años que jugó a ‘soccer’, como así se le llama en Estados Unidos. El ‘center’ recibió falta de Clint Capela y anotó uno de los dos tiros libres, enviando el encuentro a la prórroga. Cumplió pero dejaría pasar el tren para culminar una bonita historia para disgusto suyo y el de todo Dallas.
Y es que Jason Kidd pudo sacar un aprendizaje de McGee, aunque ya tardío, muy cierto. Como una adquisición de verano marginada en el trastero -sobre todo sin minutos tras el All-Star-, el pívot ha mostrado algunos destellos en los últimos encuentros después de que su técnico se acordara de él y le iluminó definitivamente en Atlanta. El interior resultó ser la panacea, la solución a todos los problemas para proteger su aro, el fin del desgobierno que fue la defensa de los Mavericks, sin sin ninguna autoridad ninguna en la pintura con Maxi Kleber ni Dwight Powell pese a que la mayor fama de mal defensor se la lleve Christian Wood.
McGee lo hizo todo, aportando 11 puntos, más que los 9 juntos de Kleber y Powell -5/6 en tiros de campo-, 6 rebotes y 1 asistencia en los 23 minutos que jugó desde finales del tercer cuarto -lo más que había jugado este curso habían sido 16-, y sumó el mejor más-menos de Dallas con un +13. Con él, el conjunto de Texas se recuperó de un 91-79. Aportó intimidación, rebote y contuvo a Trae Young -25 puntos para Murray y 24 tantos para él pero un 8/24 en tiros aunque 12 asistencias-, impidiendo su avance en el pick and roll, incluso cambiando para quedarse con él pese a sus 2,13, pues como destacó Kidd una vez “es más atlético de lo que la gente se piensa”.
A excepción del descanso de Doncic en los primeros minutos del último cuarto, Kidd jugó con el insólito quinteto Luka-Irving-Josh Green-Wood-McGee, olvidándose incluso por completo de un hombre tan importante como Tim Hardaway Jr., flojo esta vez en la ofensiva -6 puntos y un 1/4 en triples en 18 minutos-, y con una defensa nefasta del perímetro.
De repente, todas las empiezas encajaron para Dallas con ese doble pívot, pues McGee garantizaba protección de pintura sin tener que prescindir de Wood y su mordiente ofensiva -18 tantos-, y todo también se complementaba a la perfección en el otro lado de la cancha, con el veterano interior de 35 años dentro y el ex de los Rockets fuera con su amenaza exterior para facilitar el ‘spacing’. Más fácil para Irving o Doncic encontrar un hombre productivo dentro -Powell no miraba el aro y era lento distribuyendo desde el roll-, ante los 2x1 que recibieron ambos gran parte del encuentro incluso estando los dos juntos en pista.
Pero, porque a veces la vida es así de extrema y caprichosa, Irving lo echó todo a perder con su error fatal en el último instante. Ya no parece que los Mavericks puedan liberarse de la corriente negativa que les arrastra de manera inevitable al fracaso en el día del gran descubrimiento de Jason Kidd. Tan cierto como tardío.


