Su trayectoria profesional terminará dentro de unas semanas con la finalización del Mundial de Singapur. Pero su legado en el waterpolo universal seguirá muy vivo. Porque hay pocos jugadores que trascienden más allá de la piscina y Felipe Perrone Rocha es sin duda uno de ellos.
El eterno capitán del Barceloneta y de la selección española cuelga el gorro tras dos décadas en la élite. En ellas ha vivido de primera mano la evolución del waterpolo porque él mismo ha sido uno de los jugadores que más ha influido en ese crecimiento. Su lectura de juego es comparable a pocos en el mundo, su versatilidad para jugar desde el arco o desde el extremo ha dado gran variedad a sus equipos y su inteligencia y su compromiso han sido dos rasgos distintivos de una carrera única.
Felipe Perrone es una de las grandes figuras del waterpolo de siempre y, por lo tanto, también uno de los grandes referentes del waterpolo español. Aqella selección que enamoró en los noventa con el histórico oro olímpico de Atlanta, la plata de Barcelona y los dos títulos mundiales de 1998 y ya en 2001 vivió después una etapa de transición con algunos éxitos y con otras muchas ocasión con la miel en los labios. Felipe formó parte de buena parte de aquella etapa.
Al igual que lo ha sido en estos últimos años de una selección que ha vuelto a consolidarse entre las mejores, con un oro una plata y dos bronces mundiales y un oro, dos platas y un bronce europeos en los últimos tiempos. Lo ha hecho ya como capitán y líder de una generación tardía en el tiempo con respecto a aquella en la que él empezó a despuntar, pero convertido en referente indiscutible para sus compañeros.
Porque la figura de Felipe Perrone es sinónimo de waterpolo. Una muestra de ello se dio en 2022, cuando la FINA, ahora World Aquatics, eligió al primer Comité de Atletas de su historia de entre una representación internacional votada por deportistas de todo el mundo. Perrone fue uno de los elegidos por sus compañeros, una muestra de su influencia en la promoción del waterpolo a escala mundial.
Embajador indiscutible, dio otra muestra de ello en el camino hacia los Juegos de 2016, cuando no dudó en enfundarse el gorro de Brasil de cara a la cita olímpica, aun consciente de que las opciones de lograr un buen resultado a nivel personal bajarían con respecto a las que podía tener con una selección española, todo sea dicho, por entonces no asidua en las medallas. Pero fue su demostración de compromiso con la promoción de un deporte que en unos días despedirá a uno de sus grandes mitos. Se retira Felipe Perrone, el jugador total que llegó para elevar el waterpolo a otro nivel.







