Impresionante. Los 15.000 espectadores que acabaron llenando la pista central del All England Club quedaron boquiabiertos ante el colosal espectáculo que presenciaron. Esperaban un show a dos bandas, se deleitaron con un monólogo excepcional. Este Carlos Alcaraz no deja títere con cabeza. Inmenso su estado de forma.
No enmudeció a la afición británica, no, la rindió a su favor. El espectador local, que se enciende a la mínima chispa provocada por uno de sus jugadores, enseguida captó que las opciones de Cameron Norrie, 29 años y nº 61 mundial, eran inexistenes. Una utopía.
El doble campeón pasó por tercera edición consecutiva a semifinales. Fue una masacre deportiva, hizo lo que quiso con el zurdo Norrie, en su cada por ubicación, ya que por derecho pertenece cada día más a Carlos Alcaraz, a sus 22 años igualando las ocho semifinales de Grand Slam del legendario Manolo Santana, en la segunda posición de una lista encabezada por Rafa Nadal con 38.
Alcaraz no se apiadó de Norrie, venció 6-2, 6-3 y 6-3 en 1h39'. Su segunda victoria más rápida en cinco participaciones en Wimbledon, la cuarta en Grand Slam. Sólo entregó 8 juegos, su tercer mejor registro en Londres al respecto: concedió 6 a Oscar Otte durante 1h.38' en los octavos de 2022 y 7 frente a Jeremy Chardy en primera ronda de 2023.
Tenía prisa por aceptar la cita que había establecido previamente el estadounidense Taylor Fritz, nº 5 ATP, venciendo al ruso Karen Khachanov por 6-3, 6-4, 1-6 y 7-6 (4). El viernes pelearán en semifinales. Dos días por delante para prepararlo, recuperar energías.
Aunque anda sobrado de ellas Alcaraz. Cada victoria es un impulso supremo de tenis y autoconfianza. Son ya 23 partidos consecutivos ganados en una temporada pletórica con un balance de 47-5. En el torneo la racha alcanzó los diecinueve triunfos de una tacada.
Con la experiencia de cómo empuja la gente a los británicos, pues se midió en segunda ronda a Oliver Tarvet, y la solidez de haber puesto el conjunto de su tenis en su puesto tras el excepcional choque con el ruso Andrey Rublev, Alcaraz salió como si compitiera en El Palmar. El equilibrio justo en la relajación para pegar suelto y la concentración que requiere la viva hierba y no meterse problemas en un Grand Slam.
Una operación deportiva redonda. Una más de Carlos Alcaraz. Si continúa así, que se prepare Ibiza. Habrá overbooking de tenistas buscando la receta de la felicidad. Fiesta, sí, la necesaria dentro de los límites que se marcó el murciano: "El tenis siempre primero". No lo dice. Lo cumple.
Va muy directo. Se halló con un 0-40 en el segundo juego del encuentro. Lo levantó como si nada, sin ninguna prisa. Salvó el saque (1-1) y a continuación ya rompió el de Cam Norrie. Marcó las reglas del juego, que conservó todo el rato. Como su saque. Ejecutó 13 'aces', bien seleccionados para momentos comprometidos. Señal de fluidez y control.
No descuida nada. Por la mañana había estado treinta minutos haciendo ejercicios con un 'sparring' de lujo, el estadounidense Ben Shelton, nº 10 mundial y que este martes compite contra Jannik Sinner. Lo eligió por su condición de zurdo. Presenció el trabajo específico el actor Tom Holland, 'Spider-Man' en el cine, que retó al murciano con los palos de golf. Con la raqueta el superhéroe es Alcaraz.

