Podríamos pensar que estrenar (o mejor dicho, “estrenar”; porque ya sabemos que no se estrena nunca en competición) zapatillas el día del maratón podría ser una ventaja al estar la mediasuela más fresca y sin desgaste alguno. Pero… ¿Esto está sustentado por la ciencia? ¿O es una mera intuición? Es decir… ¿Las zapatillas desgastadas son menos reactivas y por ello requieren más esfuerzo? Sí y no. ¿Conviene tener un par casi nuevo para la competición del año? Sí y no.
No es nada fácil percibir cómo se comportan nuestras zapatillas según evolucionan los kilómetros de uso, porque intervienen demasiadas variables en la ecuación: podemos estar en otra fase de entrenamiento, la pisada cambia y evoluciona, la edad no perdona o incluso la subjetividad. Para eso está la ciencia y los laboratorios (con techos o sin ellos), que hacen ensayos en condiciones controladas.
¿Qué materiales se utilizan para las mediasuelas?
La EVA es el compuesto más empleado en mediasuelas, lo ha sido así desde los albores de las zapatillas de running y no tiene pinta de que vaya a cambiar, porque es un material conocido, barato en sus formas más sencillas y se trabaja en muchos lugares con resultados óptimos. El TPU suele ser más pesado pero tiene buenas propiedades de reactividad; es por esto que no está tan extendido, fue una tecnología que «monopolizó» adidas y que tiene otras representantes en el mercado, aunque no es demasiado empleado. Y la PEBA es la última incorporación, un material más esponjoso, ligero y reactivo que ha dado lugar, junto con las placas de carbono, a una auténtica revolución en las zapatillas en la última década.
Por cierto, EVA es el acrónimo de etilvinilacetato; TPU es poliuretano termoplástico; PEBA es poliéter amida en bloque. Y ahora ya sabemos por qué los acrónimos tienen sentido.
Aunque el protagonismo se lo ha llevado el carbono, hay suficiente evidencia actualmente para afirmar que los compuestos de las mediasuelas tienen tanta o más influencia que las placas en sí en la mejora de rendimientos recientes. Y es que estos nuevos compuestos permiten aligerar gracias a su menor densidad, poner más material, lo que redunda en menos fatiga, tienen mayor retorno y mejor economía de carrera. Pero menor densidad puede implicar una menor durabilidad y/o que sus características se degraden.
De PEBA son las famosas Nike %, pero prácticamente todas las marcas usan alguna forma de PEBA con la marca registrada Pebax o con sus propios nombres comerciales para no pagar royalties: adidas, Hoka, Mizuno, Nike, Li-Ning, On, Puma, Salomon, Saucony y Topo entre ellas. Es decir, aquí vamos a tratar de analizar dos tecnologías diferentes, no marcas.
El objetivo de las marcas es hacer zapatillas cada vez más reactivas.
La EVA, ese material tan familiar
La mayoría de zapatillas con mediasuelas de EVA son conocidas y su degradación está razonablemente estimada. Llevamos muchas décadas fabricando con EVA, hay cientos de millones de zapatillas en los pies de la gente, se sabe cómo se comportan y no es un misterio.
Por ejemplo, hasta los 300 km mantienen una buena parte de sus características originales, pero la literatura científica ha estimado que algunas de esas propiedades vayan degradándose lenta pero progresivamente hasta llegar al kilometraje en el que deben ser sustituidas. Ese es el gran misterio del running que nadie ha resuelto. Cada uno pesamos lo que pesamos, corremos por donde corremos y tenemos la técnica que nos viene dada (y que hemos trabajado o dejado de trabajar).
Sabemos cómo se comporta la EVA, ¿y la PEBA?
Para esto tenemos un estudio de la Universidad de Castilla-La Mancha, liderado por Víctor Rodrigo-Carranza y de reciente publicación en la Scandinavian Journal of Medicine of Sports & Science in Sports (algo así como Revista Escandinava de Medicina y Ciencia aplicada al Deporte). On facilitó unas zapatillas especialmente diseñadas para este estudio, zapatillas modernas con placa de carbono, con masas muy similares para evitar esta variable y en dos compuestos de mediasuela, EVA y PEBA, pero indistinguibles a simple vista para evitar la autosugestión de los investigadores. Y para que ni las tocasen los analistas, fueron calzadas y atadas por personal del estudio. Aparte de la mediasuela de diferente material tenían otra diferencia: unas estaban nuevas y otras tenían 450 kilómetros de uso, es decir, había cuatro tipos: EVA-nueva, PEBA-nueva, EVA-usada, PEBA-usada.
La Mizuno Rebellion Pro es la primera zapatilla de la casa japonesa en integrar una placa de carbono.
En laboratorio ya se comprobó que las zapatillas tenían una peor rigidez longitudinal a la flexión con el uso (pérdida de 32,3 % en la de EVA, 39,2 % en la de PEBA); retorno de energía (10,5 % de pérdida en la EVA y 24,6 % en la de PEBA); e histéresis en la flexión (ganancia de 152 % en la EVA y 171 % en la de PEBA, en este caso a mayor ganancia, peor, porque significa más «memoria», menos retorno).
Histéresis, un nuevo concepto
Vamos a introducirte quizá en un nuevo térmico físico: la histéresis. La histéresis, acepción no demasiado utilizada en zapatillas pero sí muy empleado en neumáticos, por ejemplo, corresponde a la «memoria» que puede tener un material para conservar unas características una vez que se ha dejado de aplicar lo que la hace cambiar. Por ejemplo, en una esponja que apretamos con la mano sería la huella de los dedos que tarda en desaparecer cuando hemos dejado de apretarla.
En el caso de este ensayo se ha aplicado una forma de flexión sobre la la zapatilla: apoyas la zapatilla en dos puntos de su suela y aplicas una presión en el centro, con lo que la zapatilla se deforma como si sobre una mesa con un tablero fino nos ponemos encima y la mesa se hunde un poco. Luego dejas de aplicar la presión —en la zapatilla o en el tablero de la mesa— y mides lo que tarda en volver a su forma original una vez dejas de apretar.
Otra forma de histéresis (que no es la de este estudio) es la de una presión por compresión: cuando acabamos de correr y si la zapatilla ya va servida de kilómetros, las mediasuelas ya no recuperan su forma original, quedan un poco aplastadas, necesitan horas para recuperar su forma original (prácticamente inapreciable a simple vista) y en ocasiones la deformación ya es perpetua por agotamiento del material. A mayor histéresis, mayor es esa memoria de las mediasuelas que no recuperan su grosor original y se vician con el peso, las zancadas y la pisada. En ocasiones las “grietas” o líneas que aparecen en las mediasuelas podrían ser por este motivo, pero no siempre son indicativos necesarios del desgaste de una mediasuela. De hecho, algunos compuestos llevan líneas de este tipo desde que las sacas de la caja, así que diríamos que no son un indicador fiable.
La espuma EVA es la más utilizada en la industria del running para la construcción de las mediasuelas.
A correr con EVA y PEBA
Probadas las zapatillas nuevas y usadas en laboratorio se procedió al ensayo con corredores. Un calentamiento y unos cambios de ritmo, 4×4’ a 13 km/h (4’37”/km) en las cinta de correr, midiéndose valores de oxígeno y lactato, así como de biomecánica con un dispositivo Styrd. Se analizaron todos los datos y se han obtenido unas interesantes conclusiones.
Nuevas, a igual masa y geometrías, las zapatillas de PEBA requieren de menos energía para “moverse”. Es el famoso retorno de energía alrededor de la cual gira el mundo del running de los últimos años, como lo era el de la estabilidad hace unas décadas. Este estudio lo cifra en un 1,85 % mejor para el PEBA. Esto era previsible.
Pero con los pares usados tras 450 km mientras que la EVA mantiene sus propiedades la PEBA empeora ostensiblemente, un 2,24 % de peor economía de carrera. Por tanto, pasamos de que la PEBA tenga una ventaja de 1,85 % respecto a la EVA pero a tener una desventaja de 0,50 % cuando están usadas. Dicho sin números: la EVA mantiene un retorno de energía estable con el uso y la PEBA llega a empeorar a la EVA con el trascurso de los kilómetros.
Conclusión: ¿Las zapatillas desgastadas son menos reactivas? No las de EVA, sí las de PEBA
La conclusión en base a los datos de este estudio es sencilla: una zapatilla de PEBA da su mejor rendimiento cuando está nueva, y si buscas el máximo de ellas, deben estar “sacadas de la caja”. Con un considerable uso —450 km lo es— las propiedades del compuesto de la mediasuela de PEBA se van degradando, pierde buena parte de esa capacidad reactiva y llegan a empeorar los valores de otros compuestos clásicos en cuanto a economía de carrera.
Haciendo la “cuenta de la vieja”, aproximadamente pasados los 300 km una zapatilla de PEBA deja de tener ventaja en eficiencia energética respecto a la EVA, manteniendo masa de la zapatilla, grosores y placa. Pasados estos aproximados 300 km es el momento de retirarlas para su uso competitivo y dejarlas para series, por ejemplo.
Como bien apunta el estudio respecto a las limitaciones del mismo, cada marca emplea su propia PEBA y EVA, no se ha probado en distancias superiores, ambas llevaban placa, se han hecho las pruebas sólo en hombres y a una misma velocidad… por tanto, estas conclusiones hay que cogerlas con pinzas, pero sin infravalorar lo interesante del estudio realizado. Obviamente se agradecerían más estudios fuera de los muros de los laboratorios que fabrican las zapatillas para confirmar o desmentir estas informaciones.
