Sudáfrica tiene en la actual Copa del Mundo de rugby la posibilidad de convertirse en la primera nación con cuatro títulos. Toda una cima para un país en el que el rugby encarna un papel que excede del marco del deporte y ha vivido una trayectoria paralela a la historia política y al pasado de represión racial en el país.
Tutelado por la minoría blanca y excluido durante décadas del circuito internacional como castigo a las polìticas del ‘apartheid’ y la segregación de la raza negra, el rugby y los Springboks, su selección, jugaron un papel unificador hace 28 años, cuando coincidieron en el tiempo el liberador triunfo en las urnas de Nelson Mandela y el primer título de la selección en el Mundial, además en casa, en Johannesburgo.
Si aquel día Mandela estrechó la mano de un capitán blanco, François Pienaar, tras una victoria celebrada con euforia por blancos y negros, el siguiente paso adelante lo dio la llegada del primer capitán negro del equipo, Siya Kolisi. Fue él quien levantó la tercera Copa del Mundo, hace cuatro años en Japón, y ahí sigue, portando un brazalete especialmente respetado.
Kolisi, 32 años, ha llegado a esta Copa del Mundo de milagro. Víctima de una grave lesión de rodilla, hace unos meses se daba por casi descartado su concurso, pero ha llegado a tiempo y el poderoso flanker de 1,90 y 105 kilos ya participó en el partido inaugural de los Springboks, una cómoda victoria ante Escocia que confirmó las aspiraciones al título.
Siya Kolisi levantó así el trofeo de campeón mundial en 2019. Ahora puede ganar el segundo consecutivo y el cuarto para Sudáfrica
Rassie Erasmus, el seleccionador que hizo capitán a Kolisi, asegura que nunca buscó el favor popular de la mayoría negra con ese gesto, y que el también jugador del Racing 92 francés era el aglutinador perfecto del banquillo, además de un baluarte indispensable en el campo. Se ha ganado a sus compañeros con gestos como la defensa impecable que realizó públicamente de Manie Libbok, criticado por sus fallos en los chuts a palos contra Escocia.
Detrás de su ascendente hay una historia de lucha personal. Siya nació en un hogar muy humilde, su madre lo tuvo a los 16 años y su padre aún iba a la escuela. Fue su abuela quien lo crió, pero falleció cuando él tenía sólo 10 años. Seis años más tarde fue su madre la que murió, dejando además dos niños de otra relación, que Siya no conocía hasta entonces. El deporte ayudó a sacarlo adelante en un contexto de pobreza y en un barrio en el que la violencia era moneda común. Kolisi tuvo su primer flechazo con el rugby a los ocho años, en la Emsengeni Primary School. Un entrenador le vio condiciones y a los 12 años pasó sus primeras pruebas a nivel regional. A los 21 se hizo profesional y a los 22 se puso por vez primera la camiseta de los Springboks, que jamás se ha quitado, encarnando siempre a la perfección los valores colectivos del rugby.
