Pocos lo conocen, pero entre los jardines de Aranjuez se esconde la Casa del Labrador, un palacete real creado como refugio privado de Carlos IV y sobrevivió a Filomena 

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Situada en el extremo oriental del Jardín del Príncipe, a orillas del río Tajo, la Casa del Labrador nació en 1794 como una sencilla casa rústica

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Este palacete fue mandado construir por el Rey Carlos IV para ser su “casa de campo” en su residencia de Aranjuez, donde cada año pasaba la primavera

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Patrimonio Nacional

Tras cuatro años de restauración y una inversión cercana a los diez millones de euros, la Casa del Labrador, el palacete neoclásico escondido entre los jardines de Aranjuez, vuelve a abrir sus puertas al público. Este capricho real, concebido por Carlos IV como residencia de recreo, ha resurgido con todo su esplendor tras los graves daños sufridos por la borrasca Filomena en 2021, y se presenta ahora como una de las joyas patrimoniales más refinadas y menos conocidas del Real Sitio.

Situada en el extremo oriental del Jardín del Príncipe, a orillas del río Tajo, la Casa del Labrador nació en 1794 como una sencilla casa rústica. Sin embargo, pocos años después, Carlos IV decidió transformarla en un palacete de lujo, encargando el proyecto al arquitecto Juan de Villanueva, autor del Museo del Prado, y a Isidro Velázquez. El resultado fue una construcción de planta rectangular, con dos alas laterales y un patio de honor ornamentado con bustos de emperadores romanos, que combina sobriedad exterior con una decoración interior deslumbrante.

El monarca supervisó personalmente la decoración, confiando en los mejores artistas y artesanos de la época. Pintores como Mariano Salvador Maella, Zacarías González Velázquez y Luis Japelli, junto con ebanistas, doradores y broncistas, dieron forma a un repertorio artístico que mezcla referencias a la Antigüedad, el Renacimiento y el barroco cortesano. Destacan espacios como el Gabinete de Platino, diseñado en París y ejecutado con mobiliario y bronces franceses; la Sala de Compañía, con su bóveda alegórica y suelo de porcelana del Buen Retiro; y el Salón Grande, concebido para bailes, coronado por una pintura que celebra “el poder de la monarquía española en las cuatro partes del mundo”.

La Casa del Labrador, un edificio histórico destrozado por Filomena

Sin embargo, la belleza del edificio ha convivido siempre con una fragilidad estructural. La cercanía al Tajo y la inestabilidad del terreno provocaron grietas e inundaciones desde sus primeros años. En 2017, Patrimonio Nacional inició un seguimiento con escáneres 3D, pero fue la borrasca Filomena la que agravó los daños y obligó al cierre inmediato. La restauración incluyó 536 micropilotes de hormigón, refuerzo de forjados, renovación de más de 1.000 m² de cubierta de pizarra, limpieza de pinturas murales, recuperación de colgaduras textiles y recomposición baldosa a baldosa del suelo de porcelana.

Además, se han reubicado más de 650 piezas históricas (entre ellas muebles, lámparas, porcelanas, relojes, candelabros, piezas de plata y cristal) y se ha devuelto al Salón Grande el célebre Dessert de las Glorias de España, un monumental centro de mesa realizado entre 1802 y 1805 por Isidro González Velázquez.

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La reapertura, presidida por Felipe VI el pasado 1 de octubre, marca el regreso de este conjunto neoclásico a la agenda cultural. Las visitas guiadas, de 50 minutos, se realizan los viernes, sábados, domingos y festivos, con aforo reducido y una tarifa especial de 5 euros durante el primer mes.

La Casa del Labrador, sobria por fuera y exuberante por dentro, es un testimonio de la sensibilidad artística de Carlos IV y de la capacidad de recuperación del patrimonio español. Un lugar que, tras sobrevivir a las inclemencias del tiempo, vuelve a brillar como símbolo de lujo, historia y belleza a orillas del Tajo.

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