A más de mil metros de altura, sobre la cima rocosa de La Mola, donde hasta hace poco funcionaba un restaurante panorámico, hoy se alza una sala de exposiciones permanente que invita al viajero a detenerse no solo ante las formidables vistas, sino ante el paso del tiempo: la Sala Mirador, inaugurada en octubre de este año.
Este nuevo espacio en el recinto del Monasterio de Sant Llorenç del Munt, gestionado por la Diputación de Barcelona, pone al alcance del visitante una experiencia que combina naturaleza, historia, arquitectura y patrimonio cultural. La Sala Mirador alberga ahora una muy interesante exposición permanente dedicada a la historia del monasterio.
La intervención no se limitó a cambiar el uso: también ha incluido adaptación arquitectónica y mejoras de confort (una recepción para visitantes, climatización térmica pasiva, paneles informativos sobre el parque natural y un proyecto de sostenibilidad energétcia dentro del recinto).
La flamante Sala Mirador permite recorrer la evolución del monasterio de Sant Llorenç del Munt, desde sus orígenes medievales hasta la actualidad. Y es un proyecto que responde a un planteamiento de turismo cultural sostenible: eficiencia energética, materiales respetuosos, confort para el visitante y vinculación con el parque natural y su gestión. Estas nuevas instalaciones suponen un impulso para que la cima de La Mola no sea solo un destino de subida, sino un motivo explícito de descubrimiento con valor pedagógico.
La historia de este emblemático monasterio
Situado en la cresta de la montaña conocida como La Mola (aproximadamente 1.100 metros de altitud), el monasterio es una joya del románico catalán. Sus primeros vestigios documentados se remontan al siglo X: ya en el año 947 aparece mencionada una iglesia en la cima con advocaciones a Sant Llorenç, Santa María y Sant Miquel.
Poco después, en el año 973, los comtes de Barcelona cedieron estas iglesias al Monasterio de Sant Cugat. Sin embargo, el contexto convulso de invasiones y reconstrucciones hizo que la vida monacal en este punto del pre-litoral catalán se definiera con un carácter local y endurecido por el aislamiento.
La edificación que hoy observamos es, en esencia, de estilo románico puro, con consagración oficial en 1064. Durante siglos funcionó como abadía benedictina, hasta que en el siglo XVII dejó de tener comunidad estable y quedó abandonado progresivamente.
Tras su declive medieval, el monasterio fue objeto de intervenciones y restauraciones en épocas modernas. En el siglo XX se incluyeron trabajos de recuperación y consolidación para preservar tanto su estructura como su entorno natural dentro del parque. Hoy está catalogado como Bien de Interés Cultural (BIC) y forma parte central del Parc Natural de Sant Llorenç del Munt i l’Obac, un espacio protegido que merece la pena conocer.
Se puede llegar al Monasterio de Sant Llorenç del Munt, en la cima de La Mola (Matadepera / Parc Natural de Sant Llorenç del Munt i l’Obac) a través de rutas de senderismo bien señalizadas (SL-C 50 u otros accesos desde Matadepera o Can Pobla). Es cuestión de planificarlo bien y animarse.


