Entre los riscos y bosques tupidos de la comarca de Osona, en pleno corazón del espacio natural del Collsacabra, se esconde uno de los rincones más fascinantes y fotogénicos de Catalunya: la Foradada de Cantonigròs, una cascada que cae sobre una poza esmeralda y a la que se accede cruzando un sendero que desemboca en una cueva abierta por la erosión del agua.
Su nombre, “Foradada”, hace referencia al gran agujero natural que perfora la pared de roca y que, cuando los rayos del sol se filtran, crea un espectáculo de luces, reflejos y contrastes digno de una pintura en movimiento.
El Salt de la Foradada se forma a partir de la Riera de la Gorga, un curso fluvial que ha modelado el paisaje con el paso del tiempo, excavando paredes verticales y pozas profundas de aguas frías y claras. La cascada tiene una caída de unos 15 metros de altura y se precipita sobre un anfiteatro natural de piedra cubierto de musgo.
En la base se abre una gran poza circular, rodeada de vegetación y de un silencio roto únicamente por el rumor constante del agua al caer. En invierno, cuando el frío aprieta, no es raro verla parcialmente congelada. En primavera y otoño, cuando el caudal aumenta, se despliega con toda su fuerza.
Este fenómeno natural se complementa con el elemento más característico del lugar: un agujero monumental en la roca, el “forat”, que actúa como ventana por la que penetra la luz del mediodía, bañando el interior con destellos dorados.
La experiencia de la ruta
La caminata hasta la cascada es una de las más accesibles y agradables de Osona. El sendero comienza en el pueblo de Cantonigròs, perteneciente al municipio de Santa Maria de Corcó, y se adentra por un bosque de hayas y robles que en otoño se tiñe de tonos rojizos, dorados y ocres. Es una ruta de dificultad baja, de aproximadamente 4 kilómetros (ida y vuelta), bien señalizada y con una duración media de una hora.
El recorrido parte junto al aparcamiento del campo de fútbol, a la entrada del pueblo, y desde allí desciende suavemente por caminos de tierra y pequeños tramos de piedra. Durante el trayecto, los visitantes pueden detenerse en varios miradores naturales desde donde se intuye el sonido del agua antes de verla finalmente aparecer en la zona de la cascada.
En los meses de primavera y verano —así como durante los fines de semana soleados de otoño—, el acceso está regulado para proteger el entorno, con una pequeña tasa de 2,5 euros por visitante y un aforo máximo de 50 personas por tramo horario.
El baño en la poza está prohibido para conservar la pureza del ecosistema, aunque sí es posible descansar en sus alrededores, hacer fotografías o incluso un picnic en los claros cercanos antes del regreso. La vuelta exige algo más de esfuerzo, ya que es en ascenso, pero se puede realizar de manera gradual y sin tener que sortear grandes pendientes.
Atracciones al margen de la cascada
El entorno natural del Collsacabra ofrece múltiples planes para complementar la visita. Muy cerca se encuentra el pueblo medieval de Rupit i Pruit, considerado uno de los más bonitos de Cataluña, con sus calles empedradas, casas de piedra, un puente colgante icónico y restaurantes donde disfrutar de cocina de montaña.
Otro punto de interés es Tavertet, asentado sobre un risco con vistas impresionantes al pantano de Sau, donde se puede contemplar el campanario emergido del antiguo pueblo sumergido.
Los más activos pueden continuar por las rutas de senderismo que comunican estas localidades, como el itinerario circular de l’Esquirol a Tavertet o los senderos hacia el mirador del Morro de l’Abella, que ofrecen panorámicas majestuosas del valle del Ter y los riscos que bordean el Collsacabra.
En otoño, además, toda la comarca se empapa de un aire bucólico: los hayedos cubren el suelo de hojas, las temperaturas son ideales para caminar y los pueblos celebran ferias gastronómicas dedicadas a la seta y la castaña. En Viladrau o en el propio Rupit, las ferias de productos locales y las degustaciones de embutidos, miel y pan de payés completan una experiencia inolvidable.
Cómo llegar desde Barcelona
Desde Barcelona, la ruta más directa es en coche por la C-17 hasta la ciudad de Vic, para luego enlazar con la C-25 dirección Girona y tomar la salida 183 hacia Roda de Ter / Rupit, continuando por la C-153 hasta Cantonigròs. El trayecto completo dura unos 90 minutos y atraviesa un paisaje cambiante de llanuras agrícolas, colinas suaves y bosques frondosos del Prepirineo catalán.
También es posible llegar en transporte público tomando el tren R3 (línea Rodalies) desde Plaça Catalunya hasta Vic (una hora y media de viaje) y desde allí un autobús local hacia Cantonigròs.


