
Lo de Sergio Ramos...
PANTALLA PLANAS
El lunes, Sergio Ramos irrumpía desde México en ‘El Hormiguero’ para presentar su nuevo tema, Cibeles, y el videoclip de la canción. Lo hizo con el aval en el plató de Bertín Osborne, que estaba siendo entrevistado por Pablo Motos. El trío protagonista tenía miga. Ramos confesó que, en un futuro no muy lejano, aspira a ganar la Champions como entrenador y un Grammy como cantante.
“¿En quién piensas cuando cantas Cibeles?” le preguntó Motos. Aseguró que lo dedicaba “al madridismo y a la historia”, pero a juzgar por el videoclip más bien parece que se quiera cargar ambas cosas. La película arranca en un Madrid postnuclear. La ciudad está desierta, destruida y abandonada. Los únicos supervivientes son Sergio Ramos en camiseta de tirantes y un caballo blanco al galope. Una fantasía hortero-dramática curiosa. Una tragicomedia esperpéntica. Las escenas del futbolista cantando y bailando se alternan con imágenes de archivo de sus triunfos con el Real Madrid. Al parecer, tuvo que negociar los derechos con Florentino. El baile reguetonero es de estilo desganado, con movimientos de brazos que parecen inspirados en gestos arbitrales de un colegiado harto de pitar partidos. Aunque Ramos asegure lo contrario, es un canto de desamor y reproche: “Te olvidaste de mí, me dejaste de lao, sin poder decidir”. Afirma que ha pasado cuatro años componiendo el tema, con versos como: “Un partido dura noventa. Te di 90 y tres más de la cuenta”.
La supuesta carga emotiva del videoclip es que vamos observando a la Cibeles desintegrarse en ese paisaje desolador. La estatua llora mientras se va agrietando, los leones se doblan, cabizbajos, perdiendo su fiereza. La piel de la diosa se va escarchando, se le desfigura el rostro hasta que se convierte en polvo. Un cataclismo resuelve el final. Ramos, en una especie de divorcio metafórico, se despoja del anillo que parece unirlo a diosa y todo salta por los aires. Explota hasta el Palacio que alberga el Ayuntamiento de la ciudad. Todo estalla con su despecho, como si la historia y el sentimiento madridista empezaran y terminaran con él. Un digno monumento musical a su propio ego. Por suerte, el jugador amenaza con dieciocho temas más para seguirlos analizando.