La razón del método
Hansi Flick tenía un plan. Devolver la alegría a la gent blaugrana con un fútbol alegre, vistoso y comprometido. El alemán y su equipo vinieron con un método bajo el brazo. Ese del que he escrito un libro que empecé a redactar en aquel mes de noviembre en el que perdimos tantos partidos.
Siempre creí en el método Flick y en sus éxitos porque al final en la vida, se trata de tener conocimiento, estrategia, inteligencia emocional y capacidad de trabajo. Flick no sólo atesora esto, sino una discreta humanidad que encandila a todos. Los jugadores lo adoran. Los jóvenes, por protegerles y cuidarles. Los veteranos, por confiar en ellos y demostrar que no estaban acabados. Nuestro entrenador no pierde un detalle y ese civismo que permea su método, lo llevó a retirar sus chicos del césped de Cornellà. En campo contrario, los títulos se celebran en el vestuario. La fiesta fue la rúa y mañana en el Estadi con tu gente.
La travesía en el desierto de la era post Messi ha sido más corta de lo esperado. El método Flick ha cuajado perfectamente como modernización del cruyffismo y del ADN Barça. Perdimos la Champions por inocentes, pero volveremos para decirle a los árbitros y rivales que el fútbol espectáculo sigue siendo patrimonio Barça.
No hay galácticos que mejoren el sentido combinativo de los Cubarsí, Balde, Íñigo, Casadó, De Jong, Olmo o Pedri. Delante, ya sabemos del temporadón de Raphinha y la resurrección del tiburón Ferran. Lo de Lamine es de otro planeta. Si el chico no se lo cree, Flick le tutela y le respetan las lesiones, puede llegar altísimo. Toca celebrar la victoria y la razón del método.
