La losa del Madrid

Empezó la temporada futbolística con la idea de que este año el Real Madrid lo iba a ganar a todo. Que los sextetes que habían ganado el FC Barcelona y el Bayern Múnich iban a quedar eclipsados por el septete que anunciaba Florentino Pérez. Y no, no habrá septete.

Ha cometido el Real Madrid una serie de errores a lo largo del año que han determinado su eliminación de la Champions, su falta de buen juego y los nervios de sus grandes estrellas. Hasta el pobre Carlo Ancelotti ha recibido palos por doquier, a pesar de haber sido nombrado mejor entrenador del mundo de 2024. Y no han sido tan devastadores sus dos partidos perdidos ante el Barça, o su agonía en la Champions desde el primer partido, como el elevado listón que colocó su propio presidente al iniciarse esta temporada.

La megalomanía de Florentino y el obsceno comportamiento del entorno blanco han bloqueado al equipo y han terminado por desquiciar a sus jugadores, sólo hay que ver las agresiones constantes de Antonio Rüdiger y Jude Bellingham, o el bochornoso papel de Dani Carvajal en el descanso del partido ante el Arsenal.

Efectivamente, los objetivos de Florentino, lícitos, por una parte, casi irreales por otra, han terminado por marcar la temporada. La presión de tener que ganarlo todo ha sido una losa muy pesada y difícil de soportar y el equipo ha sucumbido, y aunque siga teniendo opciones en la Liga, la Copa del Rey y el Mundial de Clubes, el Madrid es en estos momentos un equipo dañado, herido en su amor propio y odiado, no sólo en Barcelona, sino en media Europa.

El bajo rendimiento de Mbappé, el pretendido Balón de Oro para Vinicius Jr., la incompresible espantada de Zúrich, las irregularidades del nuevo estadio, las siete competiciones y el éxito anunciado a priori en todas ellas ha terminado mal. Y ha sucedido lo que ha sucedido, que los milagros no pueden convertirse en algo recurrente, como se vio el miércoles en el Bernabéu.

Mbappé está tardando en encajar, Vinicius Jr. ha sucumbido a su propio personaje, un equipo de teenagers les goleó en dos ocasiones, en el Bernabéu y en la final de la Supercopa de España en Arabia Saudí, y los escándalos arbitrales han terminado por dañar su juego y su imagen. La decisión del Comité de Competición de sólo sancionar a Mbappé con un partido es un capítulo más de las escandalosas decisiones que ayudan a los blancos.

El sueño de la remontada ante el Arsenal tiene una doble lectura. Por un lado, positiva, no hay nada mejor que volcarte en favor de tu equipo, pero otra negativa: no ser conscientes de que un montón de equipos les han superado este año, que de no ser por la ayuda arbitral ante el Celta no estarían ni en la final de Copa del Rey y que en el mundo del deporte hay que tener respeto por los rivales y no tener actitudes antideportivas. El Madrid no sabe ganar, ni sabe perder. Y este año esos defectos se han visto en carne viva.

Veremos qué pasa en el resto de temporada. Queda aún mucho por jugar, pero lo cierto es que hoy en día el diapasón blanco necesita dejar de emitir vibraciones negativas y pensar en por qué su pretendida caballerosidad se ha convertido en prepotencia, y por qué sintiéndose el mejor equipo del mundo sigue sin jugar bien al fútbol. 

Veremos qué ocurre en lo que queda de temporada. En la final de Copa y en el Clásico. El Barça tiene también deberes, pero a diferencia del Real Madrid no da por ganado ningún partido, quizá porque sabe que nadie les va a ayudar y que todo lo que consigan va a ser fruto de su esfuerzo y no por la ayuda de terceros o milagros. El listón de Florentino ha terminado por colapsar al equipo y el entorno blanco.

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