Racismo de primera y de segunda

PANTALLA PLANAS

Racismo de primera y de segunda

Periodista

El lunes, resultaba descorazonador descubrir cómo los graves insultos racistas al jugador de la Real Sociedad Take Kubo no recibieron el trato informativo ni el escándalo que el racismo ha merecido en otras ocasiones.

En la retahíla de barbaridades que captaron las cámaras, no solo había racismo. También xenofobia e incitación al odio, con una vehemencia desvergonzada muy alarmante. El documento televisivo no podía ser más claro. Ni en ‘El Desmarque de Cuatro’, ni en ‘El Desmarque de Telecinco’, ni en ‘Antena3 Deportes’ se hicieron eco de ello. Sí lo hizo Pedrerol al final de Jugones. Juntaron el caso de Kubo al de Balde en Getafe y al de Diaby en el campo del Sporting de Gijón. El presentador, después de emitir las imágenes se limitó a un escueto “Lamentable. Buah! Qué pena”. En el Telediario de La1 el comentario de la presentadora para recoger el vídeo fue un “Tremendo. En fin.”. En el Telenotícies de TV3 tuvimos que esperarnos a la edición de la noche para poder ver la noticia.

El racismo es grave siempre, no solo a veces o dependiendo del caso. Pero uno tiene la sensación de que, dependiendo del color de la camiseta, el ímpetu en la denuncia de los medios es muy distinto. En el caso de Vinicius, los informativos han abierto con la noticia y han interpelado a los organismos responsables para que actúen con mayor contundencia. Se han recuperado imágenes de archivo para recordar casos anteriores. Los presentadores han hecho gala de su indignación. Se han entrevistado expertos en este tipo de violencias que explican las razones de fondo y las posibles estrategias pendientes de afrontar para solucionarlo. Se han recuperado mensajes de apoyo de las redes sociales al jugador. Pero hay ocasiones, en cambio, que hay más interés en el morbo por exhibir las imágenes y recrearse en los insultos, que en ejercer presión mediática para que se actúe con firmeza. Acabamos reduciendo el problema a la existencia de imágenes y, sobre todo, a la contundencia y horror que producen esas escenas. Y consideramos que el escándalo es mayor en función del vínculo emocional entre la víctima de los insultos y su proyección mediática.

No podemos establecer un racismo de primera y de segunda donde unos casos parezcan más graves que otros. Si estamos determinados a luchar contra el racismo, tiene que ser siempre, no cuando conviene. Porque entonces se acaba cayendo en una especie de vídeos de rutina sobre los ataques racistas, con coletillas superficiales: “Tremendo”, “Lamentable”, “Buah”, que se convierten en simple impostura.

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