Gavi viene del fútbol callejero. No por darle a Vinicius de su propia medicina en el 0-4 en un Bernabéu rendido. Hace pocos días el bravo jugador de Los Palacios abrió las puertas del vestuario y desveló que allí se juegan vibrantes partidas de futbolín.
Que exista un futbolín en la ‘zona restringida’ de la ‘Joan Gamper’, donde los jugadores queman las horas de ocio, es una revelación maravillosa, un viaje sentimental a otras épocas que pone a futbolistas y aficionados de igual a igual.
Gavi forma pareja de futbolín con su paisano Fermín y entre esas cuatro paredes se retan con los compañeros de su generación. Imaginarlos en plena disputa no cuesta nada. En ocasiones, indicó, asiste de espectador Hansi Flick, probablemente asombrado por el jaleo que provoca un duelo que nadie quiere perder.
El futbolín no deja de ser un pasatiempo lúdico y táctico que desata pasiones. Los jóvenes blaugrana sacan la competitividad que llevan dentro y acuerdan jugarse un dinero como estímulo. “Nos jugamos dinero, aunque no mucho. Yo no soy tan bueno, pero éstos están todo el día jugando; parece que vienen a entrenar solamente para jugar a futbolín”, reveló Gavi. Esas palabras son como un pedazo de vida que nos devuelve a otras épocas más gamberras. No parece que Flick sea un hombre para jugarse los cuartos, si quiere mantener ante su camada su recta compostura.
El juego ha resistido el paso de las generaciones. Quizá no compita con los absorbentes videojuegos pero a su alrededor se siguen reuniendo hoy en día jóvenes ruidosos que dejan la mochila escolar en el suelo, en el bar o el ateneo rural, impregnado de cerveza. De fondo retumban los impactos de la bola maciza contra la madera y el estruendo de las barras con un ‘molinillo’. Hoy, en Barcelona, se anuncian los ‘locales con futbolín’ como si fueran modernos lugares museísticos donde se sirve ‘brunch’ y copas selectas.
Una foto icónica. El futbolín ha tenido un lugar preeminente entre los futbolistas. En 2010 una campaña de Louis Vuitton para la Copa del Mundo de Sudáfrica reunió a Pelé, Maradona y Zidane jugando alrededor de un futbolín. Las negociaciones entre las tres estrellas duraron un año y tuvo que aprovecharse una escala de Diego en Madrid, camino de Alemania. Los trabajos de foto y vídeo fueron encargados a Annie Leibovitz, que dirigió una tropa de 150 ayudantes y operadores.
Diego no llega. El anuncio pudo hacerse gracias al programa digital Photoshop puesto que Maradona tardó nueve horas en aparecer en la castiza cervecería Casa Maravillas, en Malasaña, y el rodaje debió realizarse en dos tandas, una con Zidane y Pelé y por la tarde con el Pelusa en solitario.
Un inventor polifacético. Pocos saben quién inventó el llamado fútbol de mesa. En España se le adjudica al gallego Alejandro Campos Ramírez, nacido el 6 de enero de 1919, anarquista, exiliado, editor, poeta y amigo de Luis Felipe, que se hacía llamar Alejandro Finisterre. Su vida azarosa es de novela: inventó el futbolín español de jugadores con dos piernas, el más extendido aquí, huyó a Francia al caer la República, vivió en Ecuador, Guatemala y México y obligó a desviar un avión a Panamá que pretendía devolverlo a la España franquista, donde regresó con la democracia en 1977. Se le atribuye también la batalla de mesa ‘Hundir la flota’.
En noviembre de 1936, durante la guerra y en pleno asedio de Madrid, el estudiante de bachillerato de 18 años Alejandro Finisterre quedó herido de gravedad por una bomba escondida entre los escombros. Fue evacuado a Valencia y de allí a la Colonia del Puig, en Montserrat, un centro habilitado para hospital. Allí podía ver a adolescentes y adultos mutilados por la guerra que no podían jugar a fútbol. Un mes antes había conocido al poeta León Felipe en una tertulia en el madrileño Hotel Florida.
Con 17 años, Finisterre ideó un futbolín inspirado en el tenis de mesa. “Poco antes de la Navidad de 1936 compré unas barras en Barcelona y un carpintero vasco, Francisco Javier de Altuna, también refugiado, me hizo la mesa y torneó las figuras”, explicó en declaraciones recogidas por la revista gallega ‘Adiante Diario’.
El artilugio fue patentado en Barcelona, pero perdió el certificado al cruzar la frontera. Durante su estancia en el exilio en París, en 1948, observó en un escaparate unos futbolines iguales a los que había diseñado. A través de la asesoría de la Asociación Internacional de Refugiados logró que la empresa pagara los derechos de su patente, dinero con el que regresó a España como difusor cultural y pudo viajar a América, según su biografía.
Su agitada vida intelectual topó con un golpe de Estado del dictador Carlos Castillo en 1954 en Guatemala. Fue detenido y metido en un avión para ser devuelto a España pero con ingenio simuló tener una bomba en sus manos que obligó al piloto a cambiar de destino.
La Federación Internacional de Futbolín (ITSF) se creó en 2002 y cuenta con 44 federaciones asociadas, entre ellas la española, surgida en 2008. Sus osados dirigentes intentan convencer al COI que el futbolín sea deporte olímpico. Zaragoza será sede del Mundial en 2025.